Alasdair MacIntyre, tras la virtud

Intentar una aproximación a la obra de Alasdair MacIntyre (Glasgow, Escocia, 1929), no es tarea fácil, sobre todo debido a las metamorfosis ideológicas y religiosas que tuvieron lugar a lo largo de su vida. Sin embargo, hay que reconocerle su esfuerzo sincero y flexibilidad por dar a conocer la importancia de la virtud. De ahí que «Tras la Virtud» sea el título de una de sus principales obras.

MacIntyre fue educado en la iglesia presbiteriana y al principio tenía el deseo de seguirla fielmente. Por entonces estaba convencido de que el marxismo era una secularización del cristianismo, y aunque en su juventud perteneció a varias corrientes marxistas, fue progresivamente enfrentándose al oficialismo stalinista hasta que finalmente fue expulsado del partido.

Más tarde, a finales de los años cincuenta, MacIntyre abandonó el cristianismo por no poder hacer frente a las dificultades teóricas que le suponía dicha creencia. Así permaneció durante unos veinte años hasta que de nuevo a finales de los años setenta vuelve a interesarse en el tema, hasta que finalmente se convirtierte al catolicismo.

Evolución de su pensamiento

El denominador común que siempre ha caracterizado la obra de MacIntyre ha sido la religión, así como la relación del cristianismo con el marxismo, el estudio analítico de la religión, el ateísmo, la secularización y la tradición cristiana en sus consecuencias morales, políticas y educativas. En su ávido interés por analizarlo todo bien, incorporó a su pensamiento la filosofía analítica de Wittgenstein en el estudio de la ética.

A finales de los años sesenta, MacIntyre se traslada a Estados Unidos y comienza para él una época de reflexión. El ‘melting pot» o mezcla de culturas que vió allí hizo que buscara una mejor manera de explicar la realidad existente. Se preguntaba si convivir dentro de una sociedad liberal explicaba suficientemente la complejidad del ser humano. De modo que en su investigación y aplicando la teoría de la acción de Wittgenstein, llegó a la conclusión de que solo el pensamiento de Aristóteles explicaba ‘mejor los fenómenos‘, más que las demás corrientes de pensamiento. De modo que MacIntyre cree que solo hay dos alternativas: el nihilismo de Nietzsche con su idea del fracaso del proyecto ilustrado y la negación de toda la historia de la filosofía, o bien la pequeña comunidad en torno a sus propias creencias religiosas y morales muy parecida a la polis griega de Aristóteles.

Aproximándose también a la dimensión antropológica del ser humano, MacIntyre lo describe como un ser racional que necesita el cultivo de la virtud para vivir. Su estudio de Tomás de Aquino y Aristóteles le llevó al Dios cristiano y providente.

Crítica al liberalismo

Estudiosos de la obra de MacIntyre reconocen que es más un historiador de las ideas morales que de las ideas políticas. Es decir, no se entienden sus ideas políticas sin entender su plateamiento moral. Se preguntaba, por ejemplo, sobre los problemas de la sociedad contemporánea. Las preguntas clave que se hacía eran, ¿por qué el hombre contemporáneo se encuentra aislado y mide sus actos según una razón meramente instrumental? O, ¿por qué la ética ha acabado disolviéndose en un mero utilitarismo que favorece el individualismo y el aislamiento del sujeto? Para MacIntyre el culpable de todo eso es el liberalismo por no ser una doctrina homogénea que pudiera ser comprendida de forma unitaria: tanto caben las ideas de Locke, Green o las de los materialistas franceses.

Para MacIntyre, el individualismo posesivo se fraguó desde Hobes a Locke y Smith lo transformó en utilitarismo, bases de la teoría política de la democracia liberal del siglo XIX. La sociedad liberal moderna es una sociedad de mercado egoísta, que ni Rawls ni Berlin pudieron superar. Critica el ensalzamiento de la autonomía individual en las decisiones sin contar para nada con el prójimo, y critica el contractualismo, el egocentrismo y el Estado-nación como protector de dicho orden. De ahí sus divergencias con Rawls, Dworkin, Habermas o Kelsen.

El liberalismo, según él, aboga solo por una justicia formal, no por una justicia material, ya que no defiende las ideas de virtud, de bien o de mérito. Faltan referentes éticos por culpa del liberalismo y del capitalismo, ya que solo buscan la satisfacción egoísta de las necesidades individuales. De ahí la creación masiva de leyes, que se produce cuando los sistemas morales han fracasado y es necesario dar una respuesta político-legal al vacío moral. Para MacIntyre, en las obras de Hume y Kant el individualismo y la atomización del individuo hacen que se pierda el sentido de comunidad, que es lo que da fuerza a las afirmaciones éticas y políticas.

La propuesta de MacIntyre

Como según MacIntyre, la combinación del liberalismo y la ilustración ha sido un fracaso, la opción es volver a la ética de la virtud preconizada por Aristóteles. En ella la justicia es una virtud ética basada en un derecho natural que opera conforme a bienes internos. La virtud, por tanto, exige una concentración en la búsqueda de los bienes internos para superar el individualismo posesivo y el liberalismo meramente procedimental.

El liberalismo nace precisamemente en la época en la que aparece el Estado nacional; sin embargo, ninguno de los dos pueden dar una respuesta adecuada a los problemas del individuo que vive en comunidad. MacIntyre desdeña el Estado por ser demasiado omniabarcante para entender la ética humana. Por eso cree que las personas deben buscar las raíces en las pequeñas comunidades.

MacIntyre no es un pensador político. Le interesa mucho más la «Ética a Nicómaco» de Aristóteles que alberga la fundamentación moral de la política, así como el estudio del bien, de la virtud, de la justicia y del derecho natural. Su evolución hace que pase de la idea de comunidad en el sentido griego de polis, a la idea también griega de eckklesia como comunidad de creyentes. La ética de la virtud solo puede hallarse en una verdadera comunidad de creencias morales, donde los miembros se ayuden unos a otros a percibir la virtud y que valoren la autoridad moral de las personas mayores asi como su ejemplo de vida. Defiende que la vida pública y privada de la persona no se deben disociar, y que la educación moral es absolutamente necesaria para que las personas sepan dirigir sus vidas, busquen el bien común y sean un faro de luz en un mundo fragmentado moral e ideológicamente. De ahí el apoyo explícito de MacIntyre a las comunidades religiosas, pues deben ser un modelo de búsqueda comunitaria de la virtud, algo que no se puede lograr en la asepsia y burocracia propia de la modernidad.

«Una virtud es una cualidad humana adquirida… su obtención se logra por hábitos, costumbres repetitivas, imitaciones del carácter de los virtuosos y el consecuente entrenamiento y educación… Lo característico de la virtud es que para ser eficaz y producir los bienes internos que son su recompensa, debe ejercitarse sin reparar en las consecuencias«. – Alasdair MacIntyre (1929), «Tras la virtud,» (Crítica 1987).

Esteban López

  • Bibliografía: «¿Atenas y Jerusalén? Política, filosofía y religión desde 1945», Tecnos, 2022.

2 comentarios sobre “Alasdair MacIntyre, tras la virtud

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