Familiarizarse con la obra de Miguel Delibes sorprende sobremanera, no solo por la calidad de sus obras sino por la enorme cantidad de premios y galardones que se le concedió a lo largo de su trayectoria. Aunque es de imaginar lo feliz que le haría eso, él mismo confiesa que nada de todo eso hubiera sido posible sin la inspiración y ayuda de su compañera de vida Ángeles de Castro, su esposa y el amor de su vida. Se habían casado en 1946 y se quisieron muchísimo. Tuvieron siete hijos. Sin embargo, la muerte de ella en 1974 marcó profundamente la vida y obra de Miguel. A partir de ese momento nada sería lo mismo para él. Años después le rendiría un homenaje cariñoso en la novela Señora de rojo sobre fondo gris. Fue su recuerdo más sentido. Había sido una historia de amor absoluto, complicidad y un profundo complemento anímico durante 28 años de matrimonio.
Miguel Delibes fue uno de los escritores más importantes de la literatura española del siglo XX. Novelista, periodista y miembro de la Real Academia Española, destacó por su estilo sobrio, su profundo conocimiento del mundo rural y su defensa de la dignidad humana y de la naturaleza. Había nacido en Valladolid, el 17 de octubre de 1920. Estudió Comercio y Derecho pero muy pronto se inclinó hacia el periodismo y la literatura. Terminada la guerra, comenzó a trabajar en el periódico El Norte de Castilla, del que llegó a ser director. Su independencia de criterio le llevó a enfrentarse en varias ocasiones con la censura del franquismo.
En 1975 fue elegido miembro de la Real Academia Española y ocupó el sillón «e». Recibió numerosos reconocimientos, entre ellos el Premio Príncipe de Asturias de las Letras (1982), el Premio Nacional de las Letras Españolas (1991) y el Premio Cervantes (1993). Los temas sobre los que escribió eran variados, pero sobre todo versaban sobre la relación del ser humano con la naturaleza, la crítica de las injusticias sociales, la libertad, la tolerancia y el amor, la familia y la pérdida.
Algunas de sus obras fueron:
- La sombra del ciprés es alargada (1947), Premio Nadal.
- El camino (1950), una de las mejores novelas sobre la infancia.
- Mi idolatrado hijo Sisí (1953).
- Diario de un cazador (1955).
- Las ratas (1962), retrato de la pobreza rural.
- Cinco horas con Mario (1966), considerada una de las grandes novelas españolas del siglo XX.
- El príncipe destronado (1973).
- Los santos inocentes (1981), una denuncia de las desigualdades sociales en el campo.
- Señora de rojo sobre fondo gris (1991), homenaje a su esposa.
- El hereje (1998), ambientada en la Valladolid del siglo XVI.
Su escritura se caracteriza por un lenguaje claro, preciso y elegante, de gran riqueza léxica, especialmente del mundo rural, una extraordinaria prosa, personajes profundamente humanos, descripciones sobrias pero muy evocadoras y reflexiones éticas sin caer en el moralismo.
Señora de rojo sobre fondo gris
El libro Señora de rojo sobre fondo gris está dedicado, de forma clara aunque no explícitamente en una dedicatoria formal, a la memoria de la esposa de Miguel Delibes, Ángeles de Castro. Con fuerte carga autobiográfica –Delibes rinde un homenaje a su esposa, fallecida en parecidas circunstancias en 1974–, la novela es una intensa historia de amor en desenfrenada carrera hacia la muerte así como el retrato de una mujer convertida en personaje, con una personalidad humana fuera de lo común.
La novela es la obra más autobiográfica de Delibes. A través del personaje de Ana, el autor evoca a su esposa, fallecida en 1974 a causa de un tumor cerebral. El protagonista, Nicolás, rememora su vida junto a ella y el profundo vacío que dejó su pérdida. Delibes llegó a afirmar que escribió esta novela como un homenaje a la mujer que había sido «su alegría» y «su equilibrio» para él.
El título del libro procede de un retrato real de Ángeles de Castro, pintado en 1962 por Eduardo García Benito: aparece vestida de rojo sobre un fondo gris, imagen que inspiró tanto el título como la portada de muchas ediciones del libro.
Ángeles fue crucial en la vida y la obra de Miguel. «Fue para él un alimento anímico fundamental», dice su hijo Germán. Ella le contagió el amor por la literatura, era su primera lectora y correctora, y se ocupó de que él disfrutara de las condiciones propicias para escribir. Y, además, le inspiró el libro, Mujer de rojo sobre fondo gris, donde Miguel Delibes agradecía, aplaudía y lloraba a su esposa Ángeles.
Miguel era propenso a ver la vida con cierto pesimismo, aunque quienes le conocieron bien afirman que también tenía su particular sentido del humor. En cambio de ella, por lo contrario, se dice que «amaba la vida». Era alegre y dicharachera; socializaba con gran facilidad. Pero a pesar de esa diferencia de carácter se complementaban y se amaban profundamente. Tenían siete hijos y todavía se comportaban como novios. Todos los días iba ella a buscarle al trabajo y se iban a pasear, o a tomar unos vinos o al cine. Tan grande era el amor que ella le tenía que incluso a punto de morir y completamente lúcida les dijo a sus hijos: «no le dejéis solo».
Muchos críticos consideran esta novela el gran canto de amor de Miguel Delibes a su esposa y una de las obras más emotivas de la literatura española contemporánea. La escribió en 1991, años después del fallecimiento de ella, porque como decía el propio miguel, «antes no pude, no tenía fuerzas«. Tenía que madurar todo aquel desgarro. Muestra del gran amor que le tenía, era la gran cantidad de fotografías de ella que tenía puestas Miguel por toda la casa. Describiendo su sentir y profundo dolor, Miguel escribe en el libro:
“Cuando alguien imprescindible se va de tu lado, vuelves los ojos a tu interior y no encuentras más que banalidad, porque los vivos, comparados con los muertos, resultan insoportablemente banales”.
Una reseña sobre el libro, dice:
«El tumor cerebral que acabará matando a Ana va apareciendo poco a poco, y en cada capítulo se van apreciando los cambios que presenta. Narra cómo la actividad frenética de su mujer va disminuyendo a la vez que su capacidad creativa. Ella lo intuía, pero no pensaba que su carencia de creatividad fuera eterna ni que se debiese a ella. Hasta que un día, por fin se atreve a confesarle la razón: «Desde que enfermaste». Pero pese a la enfermedad, su falta de ánimo, y pese a la pobreza creativa de su marido, Ana seguía fiel a la belleza. Narrado desde la primera persona de su marido pintor, Delibes cuenta la historia de una vida dedicada al arte y a la estética, a la suya y a la de su familia, a la protección de su marido y de su obra«.
Miguel escribió a un amigo a los pocos días de morir Ángeles, «me parece que hemos pasado de la juventud a la vejez no en poco tiempo sino en una noche… y de repente Ángeles ha hecho mutis y nos ha cambiado la decoración sin enterarnos».
La bella relación de amor que existía entre Miguel y Ángeles puede apreciarse en estas palabras:
«Nos bastaba mirarnos y sabernos. Nada importaban los silencios, el tedio de las primeras horas de la tarde. Estábamos juntos y era suficiente. Cuando ella se fue todavía lo vi más claro: aquellas sobremesas sin palabras, aquellas miradas sin proyecto, sin esperar grandes cosas de la vida, eran sencillamente la felicidad… Una mujer que con su sola presencia aligeraba la pesadumbre de vivir… «Ella era equilibrada, distinta; exactamente el renuevo que mi sangre precisaba (…) Descubría la belleza en las cosas más precarias y aparentemente inanes. Y donde no existía, era capaz de crearla rompiendo todos los valores establecidos, asumiendo todos los riesgos«.- El Mundo, 23 de septiembre 2020.
Ángeles era una mujer inquieta, no entregada únicamente a su papel de ama de casa. Era una señora culta de gran viveza que, como escribe Miguel, «amaba el libro, pero el libro espontáneamente elegido«. También era una gran esteta que sentía orgullo de ser creyente. «Era la suya una fe simple, ceñida a lo humano; un cristianismo lineal, sin concesiones«. Miguel siempre decía de Ángeles, «ella era el eje de mi vida, la mejor mitad de mí mismo«.
Miguel Delibes fue un hombre afortunado, no sólo por ser el autor de tantas obras entrañables y premiadas, sino porque encontró una compañera de vida que potenció su obra y su existencia. Ilustra cuán importante es encontrar a alguien así como compañía en la vida de una persona. Sin duda el suyo había sido un matrimonio feliz, de esos que hoy día casi no existen debido a la escasez de valores, deseos efímeros, poca empatía y escasa aceptación del otro y sus circunstancias. Como había escrito Albert Camus, «prevalece el absurdo. Sólo el amor nos salva de ello«, el amor verdadero, naturalmente. Fue un romance discreto pero eterno que sobrevivió a sus protagonistas. Como también había expresado el filósofo francés Gabriel Marcel (1889-1973), en unas palabras dedicadas a su esposa Jacqueline. «Amar a un ser es decirle tú no morirás«. Y es que hay amores misteriosos, benditos y profundos que duran toda la vida y mucho más allá.
En las Escrituras, hace mucho tiempo se describía a la mujer ideal así:
«¡Qué difícil es hallar
una esposa extraordinaria!
¡Hallarla es como encontrarse
una joya muy valiosa!
Quien se casa con ella
puede darle toda su confianza;
dinero nunca le faltará.
A ella todo le sale bien;
nunca nada le sale mal.
Sale a comprar lana y lino,
y con sus propias manos
trabaja con alegría.
Se parece a los barcos mercantes:
de muy lejos trae su comida.
Se levanta muy temprano,
y da de comer a sus hijos
y asigna tareas a sus sirvientas.
Calcula el precio de un campo;
con sus ganancias lo compra,
planta un viñedo,
y en él trabaja
de sol a sol.
Ella misma se asegura
de que el negocio marche bien;
toda la noche hay luz en su casa,
pues toda la noche trabaja.
Ella fabrica su propia ropa,
y siempre ayuda a los pobres.
No le preocupa que haga frío,
pues todos en su casa
andan siempre bien abrigados.
Toma telas de lino y de púrpura,
y ella misma hace colchas y vestidos.
En la ciudad y en el país
su esposo es bien conocido,
pues ocupa un lugar importante
entre la gente de autoridad.
La ropa y los cinturones
que ella misma fabrica
los vende a los comerciantes.
Es mujer de carácter;
mantiene su dignidad,
y enfrenta confiada el futuro.
Siempre habla con sabiduría,
y enseña a sus hijos con amor.
Siempre está pendiente de su casa
y de que todo marche bien.
Cuando come pan,
es porque se lo ha ganado.
Sus hijos la felicitan;
su esposo la alaba y le dice:
«Mujeres buenas hay muchas,
pero tú las superas a todas».
La hermosura es engañosa,
la belleza es una ilusión;
¡sólo merece alabanzas
la mujer que obedece a Dios!
¡Que todo el mundo reconozca
los frutos de su esfuerzo!
¡Que todos en la ciudad
la alaben por sus acciones!«.
- Proverbios 31:10-31, Traducción en Lenguaje Actual (TLA).
Desde niño, la idea de la muerte siempre acompañó a Miguel. Era una obsesión permanente. Se dice que en cierta ocasión tenía que elegir un epitafio para su tumba, y que uno de los que contempló elegir decía, “Espero que Cristo cumpla su palabra“. Con esas palabras, Miguel no lo cerraba todo, dejaba una puerta abierta a la esperanza.
Miguel falleció en Valladolid el 12 de marzo de 2010, a los 89 años.
Esteban López




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