Pensar la dignidad humana

Dice Immanuel Kant (1724-1804) que, “obra de tal modo que trates a la humanidad, tanto en tu persona como en la persona de cualquier otro, siempre como un fin y nunca solamente como un medio«. Para él la dignidad humana es un valor absoluto que posee toda persona por el hecho de ser racional y autónoma. No depende de la riqueza, la posición social, la utilidad o las capacidades de cada individuo.

La dignidad humana es el valor propio e inherente que tiene toda persona por el simple hecho de ser humana. Significa que todos merecemos respeto, libertad, igualdad y un trato justo, sin importar nuestra edad, origen, género, religión, condición económica u otras características. Es la base de los derechos humanos: nadie debe ser humillado, discriminado, explotado ni tratado como si tuviera menos valor que los demás. Por ejemplo, respetamos la dignidad humana cuando tratamos a las personas con respeto, defendemos sus derechos, evitamos la discriminación y reconocemos su libertad para tomar decisiones sobre su propia vida.

Defendiendo la dignidad humana día a día

Eleanor Roosevelt (1884-1962) escribió que «los derechos humanos comienzan en lugares pequeños, cerca de casa«. Es cuando nosotros mismos defendemos la dignidad humana en nuestro vivir diario que hacemos de este mundo un lugar mejor donde vivir. A la pregunta de «¿Qué puedo hacer yo para hacer este mundo un poco mejor?«, la respuesta quizá sería que para eso no se necesitarían grandes hazañas, ni ser un Premio Nobel o una gran estrella mediática. Es sólo procurar el bien (persistir en ello cada día) en nuestro entorno más cercano, incluso en lo más pequeño y según nuestras propias circunstancias. Porque el mundo no se hace solo. Es ni más ni menos el que hacemos entre todos.

Por ejemplo, ¿tratamos a otros con respeto, sin usar habla cortante o chulesca, crítica humillante o desconsiderada incluso a sus espaldas? ¿Defendemos sus derechos cuando otros son víctimas de discriminación racial, social o de explotación laboral? ¿Respetamos a todos los miembros de nuestra familia y los honramos cuando vemos su esfuerzo por contribuir al bien y a la paz en el hogar? ¿Evitamos el castigo abusivo a nuestros hijos cuando se equivocan y procuramos corregirles con paciencia y amor sin humillarlos repetando su dignidad? ¿Tratamos a nuestras personas mayores con el respeto y dignidad que se merecen?

Todos los años tienen lugar millones de abortos en todo el mundo. Consideramos a ese ser enjendrado, no como un simple tumor susceptible de ser extirpado, sino como un verdadero ser humano que ya está investido de plena dignidad desde su concepción y que nacería si le dejaran? ¿podemos sentir estupor por la explotación de mujeres, el negocio millonario envuelto y la falta de derechos de los niños en la llamada «gestación subrogada«?

La defensa de la dignidad humana tiene todavía asignaturas pendientes: niños y niñas explotados en duros trabajos o en explotación sexual. Sueldos inferiores para la mujer en comparación con el de los hombres. Trabajos donde se explota a las personas durante infinidad de horas de sus vidas con un sueldo mísero y muchas sin contrato ni seguridad social.

Hay que dar cuenta también de la discriminación de la mujer en muchas religiones. Por ejemplo, en su libro «El judaísmo«, el teólogo católico Hans Küng escribe:

«A pesar de que en la primera página de la Bíblia se dice que el hombre ha sido creado a imagen de Dios, y precisamente como varón y mujer, el varón ortodoxo judío sigue dando gracias a Dios en sus plegarias matutinas porque no lo ha creado mujer… Lo mismo que en el cristianismo, también en el judaísmo se observa una creciente restricción de la participación activa de la mujer en el culto público. A la mujer ya no se le permite leer en público la Torá«.

-Hans Küng, «El judaísmo, pasado, presente y futuro», Trotta, 1993.

Cuando ciertas sectas fundamentalistas expulsan a los disidentes y se ordena al resto de miembros que a partir de ese momento «se les trate como si estuvieran muertos«, ¿se podría afirmar que respetan el derecho de toda persona a decidir en conciencia? ¿Se puede decir que comprenden en profundidad el sentido de «dignidad humana» y lo importante que es a los ojos de Dios?

En cierta ocasión Jesús de Nazaret fue criticado por los líderes religiosos de su día porque curó a un hombre enfermo en día de sábado. Pero él les mostró que hacer el bien y ayudar al prójimo está por encima de las normas rígidas de descanso. Mostró cuán importante es un ser humano a los ojos de Dios:

«Un sábado, Jesús estaba cenando en la casa de un jefe de los fariseos. Todos los que estaban presentes lo vigilaban muy atentos. De pronto, un hombre que tenía las piernas y los brazos hinchados se paró delante de él. Jesús miró a los maestros de la Ley y a los fariseos, y les preguntó: «¿Se debe, o no se debe sanar a un enfermo el día de descanso?»  Ellos se quedaron callados«. Entonces Jesús tomó de la mano al enfermo, lo sanó y lo despidió. Después, les preguntó a los que estaban presentes: «Si uno de sus hijos, o uno de sus bueyes, se cayera en un pozo, ¿no es cierto que lo sacarían de inmediato, aunque fuera sábado?» Pero ellos no pudieron decir nada.- Lucas 14:1-6, Traducción en Lenguaje Actual, TLA. Véase también Marcos 3:1-6.

Afganistán: un atentado contra la dignidad humana

En el momento de escribir estas líneas, la situación de las mujeres y niñas afganas sigue siendo extremadamente grave. Desde que los talibanes recuperaron el poder en agosto de 2021, han construido un sistema de restricciones que afecta prácticamente a todos los ámbitos de la vida femenina. En 2025 y 2026 estas restricciones no solo se han mantenido, sino que en varios aspectos se han endurecido. 

En educación las niñas tienen prohibido continuar la educación secundaria después de aproximadamente los 12 años. Las mujeres tampoco pueden acceder a la universidad. Se han cerrado además vías de formación profesional y, desde finales de 2024, también se prohibió a las mujeres estudiar en instituciones de formación médica. Esto tiene consecuencias especialmente graves porque reduce el número de futuras médicas, enfermeras y matronas. En la práctica, una niña que termina la educación primaria tiene muy pocas posibilidades de continuar una educación formal.

En el aspecto laboral, las mujeres han sido expulsadas de numerosos sectores laborales y tienen fuertes restricciones para trabajar en organizaciones humanitarias, ONG y organismos internacionales. Esto no solo reduce su independencia económica, sino que también dificulta que la ayuda llegue a otras mujeres y niñas. La consecuencia es una creciente dependencia económica de familiares varones y un aumento de la vulnerabilidad ante la pobreza y la violencia.

Las mujeres no tienen libertad de movimiento. Las normas sobre desplazamiento exigen en determinadas circunstancias la compañía de un mahram, un familiar masculino. Estas restricciones dificultan que las mujeres puedan desplazarse solas, trabajar, estudiar o incluso acudir a determinados servicios. Esto es especialmente problemático para mujeres viudas, solteras o que no tienen familiares varones disponibles.

En lo que se refiere a la vida pública y derechos fundamentales, Vida pública y derechos fundamentales, las autoridades talibanes han restringido también la participación política de las mujeres; la libertad de expresión y de protesta; su presencia en numerosos espacios públicos; el acceso a determinados servicios y actividades; la posibilidad de trabajar con organizaciones internacionales. La ONU y organizaciones de derechos humanos describen el sistema como una discriminación institucionalizada por razón de género. 

La situación también se ha deteriorado en materia de autonomía familiar. En mayo de 2026 entró en vigor una regulación talibán sobre la separación matrimonial que, según Amnistía Internacional, puede consolidar matrimonios concertados durante la infancia y dificulta que mujeres y niñas puedan abandonar determinados matrimonios. La organización advierte de que esto contribuye a normalizar el matrimonio infantil y forzado. Además, la desaparición o debilitamiento de mecanismos independientes de protección y justicia deja a muchas mujeres con muy pocas vías para denunciar abusos.

Las restricciones educativas y laborales tienen un efecto directo sobre la sanidad. Al impedir que muchas mujeres se formen como profesionales sanitarias, se reduce el número de mujeres capaces de atender a otras mujeres en un país donde las normas sociales hacen que la atención sanitaria femenina sea especialmente importante. Las restricciones de movimiento también pueden impedir que algunas mujeres lleguen a los centros médicos. A

Existe un debate internacional sobre si debe calificarse como «apartheid de género». Activistas afganas y organizaciones de derechos humanos utilizan este término para describir un sistema en el que la segregación y discriminación de las mujeres están incorporadas a las leyes y políticas. Amnistía Internacional defiende que debería reconocerse el apartheid de género como crimen en el derecho internacional.

Además, en 2025 la Corte Penal Internacional emitió órdenes de detención contra dos altos dirigentes talibanes por el presunto crimen de lesa humanidad de persecución por motivos de género. 

Pertenecer a un grupo coercitivo, donde se inculca la necesidad de pertenencia a éste con un adoctrinamiento constante, ha traído gran dolor a la humanidad debido al desprecio del ser humano y de su dignidad intrínseca. Este fue el caso de Alemania. Como escribió un prestigioso periodista español:

 «Parece que no existe nada más difícil para el hombre común que soportar el sentimiento de hallarse excluido de algún grupo social mayor. Por más que el ciudadano alemán fuera contrario a los principios nazis, ante la alternativa de quedar aislado o mantener su sentimiento de pertenencia a Alemania, la mayoría eligió esto último (Eric Fromm). Observa también el autor que personas que no eran nazis defendían al nazismo frente a la crítica de los extranjeros porque identificaban el ataque al régimen con un ataque a Alemania«.

– Carlos Luis Álvarez Álvarez, «Cándido» (1928-2006), «Qué es la dignidad», Ediciones Martínez Roca (2001), escritor y periodista español.

El siguiente ejemplo ilustra cómo la dignidad humana acabó prevaleciendo en uno de los más oscuros períodos de la reciente historia de los Estados Unidos. Fue el caso de George W. McLaurin, primer afroamericano admitido en 1948 en la Universidad de Oklahoma. Tuvo que hacer frente a muchos actos de discriminación racial, como ser obligado a sentarse aparte de sus compañeros blancos. La norma se extendía también a la biblioteca, la cafetería y los baños. El propio George explica:

Algunos compañeros me miraban como si fuera un animal, nadie me hablaba. Los maestros ni siquiera estaban ahí para mí; nunca atendían a mis preguntas… pero me dediqué tanto y le puse tanto empeño, que después mis compañeros empezaron a buscarme para que yo les diese explicaciones y aclarase sus dudas; los profesores me empezaron a tener en cuenta. Dejé de ser invisible para ellos“.

En 1950 la Corte Suprema de Estados Unidos dictaminó que el trato debía ser igualitario entre los estudiantes de raza blanca y afroamericana. Actualmente el nombre de George McLaurin aparece en la lista de honor de la universidad de Oklahoma como uno de los tres mejores estudiantes, y su batalla legal contra la segregación racial le convirtieron en un icono estadounidense.

Como escribió una mujer sabia española, «Cuántos siglos necesita la razón para llegar a la justicia que el corazón comprende instantáneamente«.

Concepción Arenal (1820-1893), «La mujer del porvenir«, escritora, activista española y defensora de los derechos de la mujer.

Esteban López

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