¿Qué papel juega realmente Israel en el plan de salvación de Dios? Si Israel es el pueblo escogido de Dios desde hace miles de años, ¿significa que Dios está detrás de todas las acciones del actual Estado político de Israel, y que haga lo que haga es siempre lo justo?
Hoy día millones de judíos no reconocen a Jesucristo como el Hijo de Dios. Sin embargo, sería bueno conocer lo que dicen las Escrituras sobre la original historia milenaria de Israel y el origen judío del cristianismo. Al fin y al acabo, Jesús era judío, María era judía, los apóstoles eran judíos, las primeras comunidades eran judías, las Escrituras de Israel son las Escrituras que usan todas las iglesias cristianas y las promesas mesiánicas proceden de Israel.
La parábola de los labradores malvados en una viña
Existe una interpretación que afirma que todo Israel fue rechazado por Dios porque los judíos mataron a su Hijo. Las siguientes palabras son interesantes, pero no deberían malinterpretarse:
«Ahora, escuchen otra historia. Cierto propietario plantó un viñedo, lo cercó con un muro, cavó un hoyo para extraer el jugo de las uvas y construyó una torre de vigilancia. Luego les alquiló el viñedo a unos agricultores arrendatarios y se mudó a otro país. Llegado el tiempo de la cosecha de la uva, envió a sus siervos para recoger su parte de la cosecha. Pero los agricultores agarraron a los siervos, golpearon a uno, mataron a otro y apedrearon a un tercero. Entonces el dueño de la tierra envió a un grupo más numeroso de siervos para recoger lo que era suyo, pero el resultado fue el mismo.
«Finalmente, el dueño envió a su propio hijo porque pensó: “Sin duda, respetarán a mi hijo”.
«Sin embargo, cuando los agricultores vieron que venía el hijo, se dijeron unos a otros: “Aquí viene el heredero de esta propiedad. Vamos, matémoslo y nos quedaremos con la propiedad”. Entonces lo agarraron, lo arrastraron fuera del viñedo y lo asesinaron...
«Les digo que a ustedes se les quitará el reino de Dios y se le dará a una nación que producirá el fruto esperado. Cualquiera que tropiece con esa piedra se hará pedazos, y la piedra aplastará a quienes les caiga encima«.
«Cuando los principales sacerdotes y los fariseos oyeron esa parábola, se dieron cuenta de que contaba esa historia en contra de ellos, pues ellos eran los agricultores malvados. Querían arrestarlo, pero tenían miedo de las multitudes, que consideraban que Jesús era un profeta».
- Mateo 21:33-46, Nueva Versión Internacional (NVI).
¿Qué significan las palabras «os será quitado»? Hay que tener en cuenta que Jesús se dirige, en el contexto inmediato, a los dirigentes religiosos con quienes Jesús está dialogando (Mt 21:23, 45), no a todo el pueblo judío como colectivo étnico. Jesús aplica la parábola a quienes tienen una responsabilidad espiritual de ser verdaderos guías pero que no producen los frutos que Dios espera. Por eso, el núcleo de la advertencia es la infidelidad a Dios y a su misión, no la identidad étnica de Israel. El Reino será confiado a quienes produzcan sus frutos: una comunidad renovada de personas que acojan a Jesús, practiquen la justicia y respondan fielmente a Dios. La advertencia se dirige primariamente a los responsables que rechazan al enviado de Dios, y no constituye una condena colectiva del pueblo judío. La crítica no debe convertirse en antisemitismo ni en la idea de que Dios haya dejado de amar o de relacionarse con Israel.
En la parábola, el problema fundamental es, entonces, la apropiación indebida. Los labradores habían confundido responsabilidad con propiedad. La aplicación a la vida religiosa es poderosa: Dios confía su Reino a personas y comunidades; pero ninguna puede convertirse en propietaria de aquello que pertenece a Dios.Y eso significa que Mateo 21:43 puede leerse también como una advertencia a la propias Iglesias cristianas. No solamente: «Israel debe tener cuidado«. Sino también «La comunidad cristiana tampoco puede apropiarse del Reino«. Si una comunidad cristiana deja de producir los frutos del Reino, el principio de la parábola continúa siendo válido
Que Israel no fue rechazado por Dios, lo ratifica Pablo en su carta a los Romanos 11:1, 2:
«Por lo tanto, pregunto: ¿Acaso rechazó Dios a su pueblo? ¡De ninguna manera! Yo mismo soy israelita, descendiente de Abraham, de la tribu de Benjamín. Dios no rechazó a su pueblo, al que de antemano conoció».
De modo que ahora surgía una nueva nación espiritual compuesta de judíos y gentiles (no judíos) que habían aceptado con fe a Jesucristo. No era una sustitución de Israel por la Iglesia, sino la acepción de un pueblo que sí llevaría a cabo buenas obras. Esto conecta directamente con una de las grandes líneas del Evangelio de Mateo «Por sus frutos los conoceréis» (Mateo 7:16) Y también: «Todo árbol que no da buen fruto es cortado y echado al fuego» (Mateo 7:19) Es decir, el privilegio religioso no sirve de nada si no va acompañado de fidelidad y buenos frutos.
Un pueblo para honra de su nombre
Cuando en el primer siglo personas no judías pusieron fe en Cristo Jesús, surgió la cuestión de si esas personas debían observar prácticas ancestrales judías como la circuncisión, o la observancia de ciertos días señalados por la Ley mosáica, etc. El resultado fue que Dios aceptó a los no judíos dándoles el Espíritu Santo sin necesidad de imponerles las tradiciones judías. Así es que en cierto momento Santiago dijo:
«Simón nos ha expuesto cómo Dios desde el principio tuvo a bien escoger de entre los no judíos un pueblo para honra de su nombre» (Hechos 15:14). Es decir, Dios estaba tomando de entre las naciones un pueblo que llevara su nombre. No significa necesariamente que esté creando un pueblo que sustituye al anterior; significa que las naciones estaban siendo incorporadas al ámbito de la alianza y del pueblo de Dios. Hechos 15:14 afirma que la incorporación de personas procedentes de las naciones al pueblo de Dios no es una iniciativa humana ni una ruptura accidental con Israel, sino una acción de Dios prevista en las Escrituras (Amós 9:11,12). Dios estaba formando, a partir de las naciones, un pueblo que pertenece a su nombre y que participa de las promesas mesiánicas. Dios estaba creando una comunidad perteneciente a Él, formada no exclusivamente por una identidad étnica, sino por personas de todas las naciones que responderían a su llamada y entrarían en relación con Él mediante el Mesías. Esto no elimina la identidad judía de los primeros cristianos. De hecho, el propio Santiago, Pedro y Pablo seguían siendo judíos. La novedad consiste en que la pertenencia al pueblo mesiánico ya no estaba limitada por las fronteras étnicas de Israel.
En Romanos 11, Israel es representado mediante un olivo cultivado. Los gentiles o no judíos son como ramas de un olivo silvestre que son injertadas en ese olivo principal. Así es que Pablo advierte a los cristianos procedentes de las naciones: «No eres tú quien sostiene la raíz, sino la raíz a ti!» (Romanos 11:18). Por eso la Iglesia no puede entenderse contra Israel. Se entiende desde Israel. Por eso Pablo dice además que:
«En cuanto al evangelio, los judíos son tenidos por enemigos de Dios a fin de darles oportunidad a ustedes; pero Dios todavía los ama a ellos, porque escogió a sus antepasados (los patriarcas). Pues lo que Dios da, no lo quita, ni retira tampoco su llamamiento».
Es decir que Dios todavía ama a Israel debido a las promesas a sus antepasados y son «irrevocables«. La palabra «irrevocables» (ametamelēta) es muy importante, porque Pablo está diciendo que Dios no se arrepiente de su elección y de su llamada. Esto significa que no resulta apropiado construir una teología según la cual «Dios escogió a Israel, pero después se equivocó, así que tuvo que reemplazarlo». Eso contradice directamente la lógica de Romanos 11. La Nueva Alianza en Cristo no implica simplemente una ruptura de la alianza de Dios con Israel, y la falta de fe de algunos israelitas no puede anular la fidelidad de Dios. Su plan de salvación para la humanidad es «irrevocable«, y se benefician tanto judíos como no judíos.
Por eso, la Iglesia puede entenderse como el pueblo de Dios reunido en torno a Cristo, pero no como una comunidad que pueda presumir de haber reemplazado a Israel ante Dios. Las Iglesias cristianas no deben presentar a los judíos como «reprobados por Dios o malditos«. Hay que recordar que los dones y la llamada de Dios son irrevocables, y eso incluye el amor que Dios le tiene a Israel debido a sus promesas a sus antepasados y patriarcas.
El Estado moderno de Israel
Es interesante saber que «Israel» puede tener tres significados: el pueblo judío, la tierra/Estado moderno de Israel, o Israel en sentido bíblico-teológico. Y no son exactamente lo mismo. La elección y las promesas de Dios a Israel no deben entenderse como simplemente canceladas, pero tampoco podemos identificar automáticamente al Estado moderno de Israel con el «Israel» teológico de la Biblia. El Estado de Israel establecido en 1948 no es automáticamente idéntico al Israel bíblico. La Biblia habla de Israel como pueblo; Israel como descendencia de Jacob; Israel como comunidad de la alianza; Israel como reino histórico; Israel como realidad escatológica.
Sin embargo, el Estado moderno de Israel es una entidad política contemporánea. Por eso no sería correcto afirmar automáticamente, «Como Israel es elegido por Dios, todo lo que haga el Estado de Israel tiene aprobación divina«. La elección bíblica nunca significó inmunidad moral cuando se hacen mal las cosas. Los profetas precisamente denunciaron a Israel cuando Israel cometía injusticia. Amós, Isaías, Jeremías y los demás profetas no dijeron «Israel es elegido, por tanto todo lo que haga está bien«. Dijeron prácticamente lo contrario, «precisamente porque pertenece a Dios, Dios le exige justicia«. Esto es fundamental. Tampoco las iglesias cristianas deben pensar que si se creen elegidas todo lo que hagan está bien. Dios les exige justicia también.
Es muy importante entender bien esto, sobre todo cuando el Estado actual de Israel comete terribles abusos. Y una cosa es su recurrente política despiadada contra personas inocentes, y otra bien distinta es no ver que Israel es mucho más que el actual Estado político. Israel es toda una herencia histórica espiritual a través de la cual aparece el Mesías de Dios y se desarrolla su Plan para bendecir a toda la humanidad.
De modo que desde una lectura cristiana ecuménica, Israel no es un pueblo «desechado» por Dios ni el Estado político moderno de Israel puede identificarse sin más con el Israel bíblico; el pueblo judío conserva un lugar singular en la historia de la alianza y en el designio de Dios, mientras que las naciones han sido incorporadas al pueblo mesiánico. El desenlace definitivo de Israel como pueblo permanece como un misterio confiado a la misericordia de Dios, tal y como indica Pablo en Romanos 11:33-35 (RVA-2015):
«¡Oh profundidad de las riquezas, de la sabiduría y del conocimiento de Dios! ¡Cuán incomprensibles son sus juicios e inescrutables sus caminos! Porque ¿Quién entendió la mente del Señor? ¿O quién llegó a ser su consejero? ¿O quién le ha dado a él primero para que sea recompensado por él? Porque de él y por medio de él y para él son todas las cosas. A él sea la gloria por los siglos. Amén«.
Shalóm, Israel
Esteban López
Escena del filme «El violinista en el tejado» (1971), de Norman Jewison.
«Tú escuchas las oraciones; todo el mundo acude a ti«.- Salmo 65:2, PDT.


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