Los hijos, bendición y responsabilidad

G. K. Chesterton (1874-1936) escribió:

«El lugar donde nacen los niños y mueren los hombres, donde la libertad y el amor florecen, no es una oficina ni un comercio ni una fábrica. Ahí veo yo la importancia de la familia”.

El nacimiento de un hijo suele ser todo un acontecimiento en el hogar. Durante nueve meses ya ha habido preparativos llenos de ilusión para recibir al nuevo huésped, sea niño o niña. La mentalidad de la pareja humana ya ha cambiado: antes eran sólo ellos; a partir de ahora el rol cambia al de padres, educadores y protectores de la nueva vida. Bien pensado, el nacimiento de un hijo es todo un milagro, pero estamos tan acostumbrados a que suceda que no lo llamamos así. Ha sido el resultado del amor entre la pareja humana y tiene ya muy preparado el «nido». Hace mucho tiempo que en las Escrituras se escribió:

«Los hijos que tenemos son un regalo de Dios. Los hijos que nos nacen son nuestra recompensa. Los hijos que nos nacen cuando aún somos jóvenes, hacen que nos sintamos seguros,
como guerreros bien armados. Quien tiene muchos hijos, bien puede decir que Dios lo ha bendecido. No tendrá de qué avergonzarse cuando se defienda en público delante de sus enemigos
«.

  • Salmos 127:3-5, Traducción en Lenguaje Actual (TLA).

Una responsabilidad

Pero un hijo no es cualquier cosa, y requiere responsabilidad desde el mismo principio. Un hijo es un nuevo ser humano que viene a nacer desde el mismo momento de la concepción. Y hay que respetarlo. No vale matarlo o abortarlo sólo porque no vaya bien en ese momento. No se puede usar el aborto como si fuera un medio anticonceptivo más porque no lo es en absoluto. Como escribió Julián Marías:

«Cuando se dice que el feto es «parte» del cuerpo de la madre se dice una insigne falsedad porque no es parte: está «alojado» en ella, implantado en ella (en ella y no meramente en su cuerpo). Una mujer dirá: «estoy embarazada», nunca «mi cuerpo está embarazado». Es un asunto personal por parte de la madre. Una mujer dice: «voy a a tener un niño»; no dice «tengo un tumor».

«El niño no nacido aún es una realidad «viniente», que llegará si no lo paramos, si no lo matamos en el camino. Y si se dice que el feto no es un quién porque no tiene una vida personal, habría que decir lo mismo del niño ya nacido durante muchos meses (y del hombre durante el sueño profundo, la anestesia, la arteroesclerosis avanzada, la extrema senilidad, el coma).

  • Diario ABC 19/3/2009.

Maternidad subrogada

El asunto de la llamada «maternidad subrogada» es una cuestión espinosa que muestra una completa falta de responsabilidad en relación al ser que ha de nacer. Para mucha gente tener o no tener un hijo es una cuestión de dinero. Es una especie de comercio infame donde casi nada se puede decir que sea algo natural. Por ejemplo, se sabe que el bebé no nacido escucha la voz de la madre gestante y la reconoce con facilidad. Oye su corazón y se nutre de lo que ella se alimenta. Según el Instituto Pasteaur, esos recuerdos nunca se pierden. El desarrollo durante 9 meses del feto es físico pero también psíquico e incluye emociones. El bebé no nacido no sólo tiene particularidades genéticas de los padres biológicos donantes, sino también de su madre gestante. Teniendo eso en cuenta, parece que sería muy apropiado que dejáramos de referirnos a las madres gestantes como meros recipientes. En muchos casos no se permite el contacto físico entre la mujer gestante y el bebé, especialmente si los padres intencionales así lo desean. Esto se hace para evitar el vínculo temprano de unión afectiva que suele haber entre el recién nacido y su madre gestante.

Todo este asunto de la maternidad subrogada ilustra que a menudo la libertad que poseemos los seres humanos hace que caminemos por senderos sinuosos que requieren seria reflexión, y que no basta con decir «si se puede hacer técnicamente, se hace«, porque podría haber aspectos que se nos escapen y que conculquen la dignidad humana tanto de la mujer gestante como del ser concebido tan atípicamente. Hay que tener en cuenta que a la mujer gestante se la trata especialmente con hormonas y además psicológicamente para que no desarrolle apego al bebé que va a tener. Aún así, a veces ha ocurrido que no ha sido capaz de «dejar ir al niño» por sentir que fuertes lazos afectivos y biológicos ya han tenido lugar. Además, en los contratos que suelen firmarse sólo se tratan aspectos relacionados con la salud del niño, la cuestión de enfermedades, pero nunca se especifican sus propios derechos como ser humano. Lo que podría incluir la prohibición de poder conocer algún día sus orígenes o a su propia madre gestante. Dice Immanuel Kant que el ser humano es un fin en sí mismo, no un simple medio más de uso funcional.

Y sin olvidar además el deseo lucrativo de algunas personas (empresas y agencias) que intervienen en el proceso y que ganan mucho dinero. De ahí la fuerte publicidad que suelen propiciar. Un hijo es siempre un don, un verdadero milagro, no el objeto de un contrato mercantil. Es un deseo legítimo, pero no son legítimas todas las formas de conseguirlo si lo que impele es el mero emotivismo.

Educación

Los hijos tienen derecho a una educación integral y equilibrada para que lleguen a ser seres humanos maduros y responsables. Los niños son como pequeñas libretas en blanco donde se puede escribir lo que se quiera. Y son los padres los primeros que deben vigilar que se plante en ellos valores y virtudes que en su edad adulta siempre agradecerán. Un ejemplo es poner límites y que no se les permita todo. Como escribe Victoria Camps:

«La relación paterno-filial, como la relación entre el maestro y el alumno, es asimétrica por definición… unos son educadores y los otros los educandos… los adultos y los niños no ocupan el mismo nivel. No tener en cuenta tal asimetría ha sido una de las causas de la pérdida de autoridad de los adultos con respecto a los menores… costumbres tan triviales como el no hablar siempre de tú a tú, no utilizar el «tío» a cualquier propósito, no permitir ciertos lenguajes ni ciertos tonos de hablarNo confía más en su padre o en su madre el niño a quien todo se le permite, sino aquel que encuentra una seguridad en las actitudes de los mayores, una seguridad que le indica, entre otras cosas, dónde están los límites. Porque educar, nos guste o no, consiste en gran medida en poner límites«.

– Victoria Camps (1941), “El gobierno de las emociones», Herder 2023. Filósofa española, catedrática emérita de la Universidad de Barcelona y consejera permanente del Consejo de Estado.

También son significativas las palabras de Nadia Boulanger (1887-1979), compositora y directora de orquesta francesa que formó a algunos de los más grandes compositores del siglo XX:

«Amar a un niño no es darle todos sus caprichos (…) es sacar lo mejor de él, enseñarle a amar lo que es difícil«.

Pablo de Tarso también escribió:

«Y vosotros, los padres, no hagáis de vuestros hijos unos resentidos; educadlos, más bien, instruidlos y corregidlos como lo haría el Señor«. 

Hay que ayudar a nuestros hijos a que desarrollen todo su potencial como seres humanos, evitar humillarlos, sino más bien poner el énfasis en valores y virtudes que les beneficiarán para siempre, como la responsabilidad, el esfuerzo, el respeto a los demás y el altruismo. Y en el caso de un hogar creyente, invitarles a tener su propia relación con Dios, a quien todos tendremos que rendir cuentas. Pero sin duda, es el ejemplo de vida de los padres lo que más va a influir en su vida. Como dice Atticus Finch en el filme «Matar a un Ruiseñor» (1961):

«Antes que a nadie, mis hijos dirigen su mirada hacia mí, y yo he procurado vivir de forma que siempre pueda sostenerla sin desviar los ojos».

Hay hombres y mujeres que han tenido que cuidar y educar a sus hijos solos, debido a viudedad o divorcio. Se han tenido que convertir en padre y madre a la vez. Son verdaderos héroes que han tenido que bregar con todo lo que representa criar a sus hijos. Y muchos lo han logrado con verdadero éxito, a pesar de que la crianza conlleva paciencia, claridad de ideas, capacidad de perdonar y empezar de nuevo las veces que haga falta. Además, cada hijo es diferente y cada uno de ellos necesitará una relación parental diferente.

Estos consejos de un padre a su hijo, ilustra cuán importante es el papel de un padre a la hora de desear lo mejor para su hijo. Merece la pena recordarlos.

Los hijos son un regalo de Dios, un milagro increíble. Y si se sabe educar con éxito se tendrá la satisfacción de verlos crecer con éxito en vidas dignas, tal y como han experimentado muchas personas orgullosas de haber hecho un buen trabajo y de haberlos criado bien. Se cumplen así las bellas palabras del Salmo:

«Que nuestros hijos, en su juventud, crezcan como plantas frondosas; que sean nuestras hijas como columnas esculpidas para adornar un palacio. – Salmo 144:12.


Esteban López

2 comentarios sobre “Los hijos, bendición y responsabilidad

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  1. Estimado Esteban López,

    Enhorabuena por este articulo, por tener la valentía de analizar el lugar que ocupan los hijos e hijas en nuestra sociedad incluso antes de su nacimiento.

    Aspectos como la maternidad subrogada, los modelos de familias actuales, el tiempo dedicado a la crianza, la importancia de construir lazos emocionales desde el respeto y no desde el control y la dependencia.

    Nuestros hijos e hijas serán los adultos del futuro, de ellos dependerá nuestra última etapa vivencial: seamos conscientes de que se recogen los frutos de lo que hayamos sembrado .

    Porque la mayor herencia que podemos otorgar a nuestros hijos es que sean personas honorables, el resto es secundario; al menos es lo que pienso.

    Reitero mi agradecimiento por explicar algunos detalles sobre las dificultades en la crianza y por dar espacio a la maternidad subrogada.

    Sinceramente, este artículo podrá dar lugar a la reflexión y al debate no sólo en personas que tengan hijos. Soy de la opinión de que todo nos afecta como sociedad, estamos interconectados y la niñez merece nuestro respeto más que nunca .

    Un saludo cordial .

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