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dolor-sufrimientoEsta es la gran cuestión a la que siempre ha tenido que hacer frente tanto la filosofía como la religión. Y en el caso de ésta última, esa es la cuestión por antonomasia. Es decir, por qué, si existe Dios, puede llegar a haber en esta existencia nuestra tanto dolor y sufrimiento.

Desde muy temprano llegamos a saber ya lo que es el dolor. Aprendemos por ejemplo que no se puede tocar el fuego, que no podemos saltar desde cualquier altura o que las herramientas afiladas y los cristales cortan. Eso muestra que cierto grado de dolor cumple algún propósito, pues nos pone en guardia para no tener que dañarnos innecesariamente.

Por otro lado está el dolor que nos causamos los mismos seres humanos unos a otros, porque mucho del sufrimiento que ha existido y existe podría haberse evitado si no hubiera sido por el odio, la discriminaciones de todo tipo, los crímenes, las guerras, los nacionalismos, las ideologías totalitarias o el terrorismo, en definitiva, por la estupidez humana. No tenemos bastante, por ejemplo, con horribles enfermedades, con los terremotos, los tsunamis, las inundaciones, etc, que todavía somos capaces de acarrearnos más absurdo dolor los unos a los otros. De ahí que se diga, que esa es la clase de dolor que tenemos todos el deber de combatir.

Pero por otro lado hay que reconocer que el dolor exorbitado, el que no se puede soportar, el de los inocentes y sin sentido no puede entenderse de ningún modo. Intentar conciliar el problema del mal con la idea de un Dios bondadoso y todopoderoso es una cuestión imposible, por lo menos desde nuestra comprensión humana. Porque ante semejante cuestión, en la Biblia, sea en el Antiguo o en el Nuevo Testamento, eso no se explica. Hay que reconocer por tanto humildemente que existen ciertas cuestiones que el cristianismo no responde. Es verdad que ha habido muchos intentos por parte de filósofos, teólogos y estudiantes de la Biblia por dar una respuesta, pero todas son débiles y poco convincentes. Ningún pensador o figura espiritual de la humanidad, como Kant, Hegel, Leibniz, Agustín de Hipona, Tomás de Aquino o Calvino, pudieron alcanzar nunca la resolución a esta grave cuestión. Quizá por eso algunos teólogos judíos prefieren el silencio en lugar de buscar una justificación que ellos mismos no entienden, y suelen citar el pasaje de la muerte de los dos hijos de Aarón por el fuego divino: “Y Aarón no dijo nada” (Lév. 10:3). Ante la falta de comprensión, es mejor la discreción y la humildad que afirmar con arrogancia que se conocen todas las respuestas.

Si el mal cumple algún cometido, solo lo sabe Dios, aunque nosotros no lo comprendamos. Como no lo comprendía Job, en quien todavía encontramos todo un ejemplo en medio de un sufrimiento atroz (perdió todas sus posesiones, enfermó gravemente y todos sus hijos murieron) y de confianza radical en Dios. Su ejemplo muestra que es posible también la protesta, pero en la confianza en que Dios lo redimirá todo a su debido tiempo.

Además, ante el dolor, en el cristianismo también emerge de manera sobresaliente la figura de un Jesús de Nazaret sufriente. Se sintió abandonado por todos, golpeado, flagelado y humillado. Y sobre todo, en su lenta agonía dolorosa en el madero, sintiéndose abandonado por los hombres y hasta por Dios mismo. “Padre, ¿por qué me has abandonado?” Pero aún así, en su dolor, en medio del sin sentido, se abandonó completamente al ‘Padre‘. Por eso en las Escrituras, dolor y esperanza se encuentran tan indisolublemente unidos.

Auschwitz 

auschwitzTheodor Adorno dijo que “ya no es posible la poesía después de Auschwitz“. Pero incluso allí, se sabe de conmovedores testimonios de judíos y cristianos que oraban a Dios; judíos que no solo recitaban el Talmud y celebraban sus fiestas, sino que socorrían a otros, y que ante la inminencia de la muerte elevaban plegarias a Dios llenas de fe. En mitad de todo aquel infierno, no deja de admirar las palabras escritas por un judío en los muros del Gueto de Varsovia:

“Creo en el sol aunque no brille. Creo en el amor, aunque no lo sienta. Creo en Dios, aunque no pueda verlo”.

Como escribe el teólogo Hans Küng:

No, no fue un Dios impotente, sino el compasivo Dios del amor, de la fuerza, de la bondad y la misericordia quien dio valor a las víctimas para resistir la crueldad… Nuestra común fe, judía y cristiana, se dirige a un Dios que será Señor del futuro, que hará justicia al desvalido y que mostrará su poder al débil y el pobre: ¡un Dios de vivos y no de muertos… Nuestra modesta vía media es una indestructible confianza en Dios, a pesar de todo, no irracional, sino plenamente razonable: la fe en un Dios que sigue siendo Dios en medio de una abismal oscuridad. Porque existe Auschwitz, dice el incrédulo, la idea de Dios me resulta insoportable. Y el creyente, judío o cristiano, puede replicar: solo porque existe Dios soy capaz de soportal la idea de Auschwitz”.

– Hans Küng, “El judaísmo. Pasado, presente y futuro“, páginas 570-571, Trotta, 1993.

Guardini 1950Poco antes de morir, incluso el teólogo cristiano Romano Guardini (1885-1968) dijo que tenía algunas preguntas escritas en su bloc para hacerle a Dios. No entendía el sentido de tanto dolor, porque si el propósito de Dios era bendecir a toda la humanidad, “entonces, Señor, ¿por qué tan largo rodeo a través de toda una historia de sufrimiento?” Como Abrahán, que tampoco entendía muchas cosas. “Señor, ¿destruirás al justo junto con el inicuo?” Sin embargo, la respuesta que recibió tanto entonces como a lo largo de su vida demostró que Dios tenía respuestas concretas y que era capaz de bendecir a quien le otorgara el beneficio de la duda.

Para una consideración sincera desde una perspectiva teológica sobre el problema del mal, quizá pueda ser de ayuda el libro Dios en el sufrimiento, escrito por el teólogo Armin Kreiner y publicado por la Editorial Herder.

Dios en el sufrimiento “Ya en la Biblia se ha planteado la pregunta: ¿dónde está Dios cuando hay sufrimiento? Toda la tradición del pensamiento occidental se ha enfrentado a esa pregunta a la que se ha dado en llamar “el problema de la teodicea” y, una y otra vez, ha buscado respuestas a la misma. Armin Kreiner analiza esas respuestas y somete a comprobación su consistencia. Al hacerlo se pone de manifiesto si la fe en Dios resulta sostenible frente a las críticas. En última instancia se pregunta por la fuerza de la esperanza cristiana frente al poder de las objeciones a Dios.”

Armin Kreiner, Alemania 1954, es profesor de Teología Fundamental en la Facultad de Teología y Filosofía Católica de la Universidad Ludwig-Maximilian de Múnich. Entre los temas de investigación que desarrolla se destacan el diálogo entre las Ciencias Naturales y la Teología, y el problema de la teodicea. Dios en el sufrimiento está considerado como una obra de referencia en este último campo”.

Esteban López

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