abbadoEl director de orquesta italiano Claudio Abbado (1933-2014), había tenido una brillante carrera musical dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Londres y actuado en distintos escenarios, como el teatro de La Scala de Milán, la Ópera de Viena, la Filarmónica de Berlín y el festival de Pascua de Salzburgo, entre otros. Entre las cualidades humanas y artísticas que tenía se mencionan,

1. Memoria Prodigiosa; todo lo dirigía sin partitura por muy larga y complicada que esta fuese.

2. Elegancia de Gesto; sus movimientos eran ágiles, flexibles y estéticamente muy bellos.

3. Relajación del Gesto; dirigía muy relajado, incluso su peculiar estilo de coger la batuta era sutil y delicado.

4. Claudio Abbado era un Maestro absolutamente persistente; no cejaba hasta conseguir lo que buscaba, eso sí, siempre de una manera cándida y amable.

5. Un señor sobre el podio; nunca se le observó ningún tipo de desconsideración, abrupto o insulto a la orquesta, todo en él eran buenas maneras y trato amable.

6. Triunfo de la Flexibilidad; en una época marcada por directores rígidos, autoritarios y en cierto modo despóticos, Claudio Abbado nos demuestra que con la flexibilidad se pueden alcanzar logros mucho más elevados.

7. Manos hacia delante y batuta hacia arriba; era su peculiar forma de elevar la música del plano terrenal al plano intangible de lo espiritual.

8. Belleza del Sonido; dada igual qué sonido, incluso si lo que oía no se correspondía con lo que esperaba, nunca importaba. Si era un sonido bello y con deseo lo aceptaba con entusiasmo y admiración.

9. El Triunfo del “Anti-héroe”; Abbado nunca buscó la fama ni el Mito; la suya era una vida dedicada a la música de una forma sincera y noble.

10. El Sentimiento Emocional, podríamos definir su forma de hacer música; ese sentimiento emocional que él, como ningún otro gran maestro, supo transmitir a la orquesta dentro del plano eminentemente límbico y emocional.

11. Un Maestro tan fuerte que nunca necesitó demostrar su fuerza.

Las 11 enseñanzas de oro de Claudio Abbado, Escuela de Dirección de Orquesta y Banda Maestro Navarro Lara.

Pero en cierta ocasión, y mientras dirigía el Réquiem de Verdi durante la conmemoración en Berlín del día del centenario de la muerte del gran compositor italiano, Abbado sintió que le faltaba el aire. Las pruebas médicas indicaron que tenía un cáncer de estómago que obligó a que se le extirpara parte de éste. Después de la operación pudo volver a estar activo, haciendo de nuevo lo que más le gustaba. Aunque después de eso debía comer cada dos horas, su apariencia era saludable pero se le veía más delgado. Finalmente, el 20 de enero de 2014, acabó perdiendo la batalla.

Aquella prueba, después de una vida privilegiada dedicada a la música y de éxitos constantes, le marcó profundamente. Sus compañeros músicos reconocen que había cambiado mucho; tenían la sensación de que Abbado vivía y trabajaba para sacar lo mejor de él cada día de su vida. Su entrega a la dirección musical y a su obra era más intensa que nunca; su dedicación transpiraba un profundo amor por la vida y el deseo más vehemente de no querer dejarla de ningún modo.  Cómo el mismo Abbado explicó en una entrevista en el año 2004:

“Después de la operación he cambiado, desde luego, pero en una dirección difícil de explicar. Vivo como un asceta, comiendo poquísimo, pero tengo la enorme satisfacción de tener más tiempo para pensar, para estudiar, para estar en contacto con la naturaleza. He tenido además la felicidad de sentir un movimiento de amistad, de solidaridad de muchos músicos con la creación de la Orquesta del Festival de Lucerna. Sí, la vida la veo muy distinta, pero la gran fortuna es, muy por encima de todo, que pueda seguir viviendo”.

Tener una profesión dedicada a la música y que ofreciera la posibilidad de desarrollar una especial sensibilidad por todo lo bello, hizo que como ser humano, Claudio Abbado se aferrara todavía más a la vida. Y es que cuando se tiene buena salud, cuando se tiene amor y una actividad satisfactoria, ¿quién desea perder la vida? Se tenga además la edad que se tenga. El músico Pau Casals por ejemplo, estuvo componiendo y trabajando incansablemente hasta los 98 años, y nunca dijo que ya estaba harto de vivir o que se aburría. Y así mismo se sentía Claudio Abbado, dedicado a lo que más amaba y que nunca hubiera dejado de hacerlo. Quizá también se hubiera sentido en el último minuto de su vida como la pintora mejicana Frida Kahlo, quien a pesar de todo el terrible sufrimiento físico que padeció durante años después de un terrible accidente, en el mismo momento de morir, exclamó: “¡viva la vida!”. Y es que cada ser humano es un universo exclusivo con sus recuerdos acumulados y sus afectos, con sus necesidades espirituales y sus anhelos, y que no renuncia a la vida. Como escribió Antoine de Saint-Exupéry (1900-1944) autor de “El Principito”,

Nadie llegará nunca al conocimiento de una sola alma de hombre; hay el secreto de cada uno, un paisaje interior de llanuras invioladas, de quebradas de silencio, de pesadas montañas, de jardines secretos”.

Esteban López

Véase también La música, ese excelso misterio