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El director dClaudio Abbadoe orquesta italiano Claudio Abbado (1933-2014), había tenido una brillante carrera musical dirigiendo a la Orquesta Sinfónica de Londres y actuado en distintos escenarios, como el teatro de La Scala de Milán, la Ópera de Viena, la Filarmónica de Berlín y el festival de Pascua de Salzburgo, entre otros. Pero en una ocasión, y mientras dirigía el Réquiem de Verdi durante la conmemoración en Berlín del día del centenario de la muerte del gran compositor italiano, Abbado sintió que le faltaba el aire. Las pruebas médicas indicaron que tenía un cáncer de estómago que obligó a que se le extirpara parte de éste. Después de la operación pudo volver a estar activo, haciendo de nuevo lo que más le gustaba. Aunque después de eso debía comer cada dos horas, su apariencia era saludable pero se le veía más delgado. Finalmente, el 20 de enero de 2014, acabó perdiendo la batalla.

Aquella prueba, después de una vida privilegiada dedicada a la música y de éxitos constantes, le marcó profundamente. Sus compañeros músicos reconocen que había cambiado mucho; tenían la sensación de que Abbado vivía y trabajaba para sacar lo mejor de él cada día de su vida. Su entrega a la dirección musical y a su obra era más intensa que nunca; su dedicación transpiraba un profundo amor por la vida y el deseo más vehemente de no querer dejarla de ningún modo.  Cómo el mismo Abbado explicó en una entrevista en el año 2004:

“Después de la operación he cambiado, desde luego, pero en una dirección difícil de explicar. Vivo como un asceta, comiendo poquísimo, pero tengo la enorme satisfacción de tener más tiempo para pensar, para estudiar, para estar en contacto con la naturaleza. He tenido además la felicidad de sentir un movimiento de amistad, de solidaridad de muchos músicos con la creación de la Orquesta del Festival de Lucerna. Sí, la vida la veo muy distinta, pero la gran fortuna es, muy por encima de todo, que pueda seguir viviendo”.

Tener una profesión dedicada a la música y que ofreciera la posibilidad de desarrollar una especial sensibilidad por todo lo bello, hizo que como ser humano, Claudio Abbado se aferrara todavía más a la vida. Y es que cuando se tiene buena salud, cuando se tiene amor y una actividad satisfactoria, ¿quién desea perder la vida? Se tenga además la edad que se tenga. El músico Pau Casals por ejemplo, estuvo componiendo y trabajando incansablemente hasta los 98 años, y nunca dijo que ya estaba harto de vivir o que se aburría. O el caso de la pintora mejicana Frida Kahlo, quien a pesar de todo el terrible sufrimiento físico que padeció durante años después de un terrible accidente, en el mismo momento de morir y siendo aún joven, exclamó: “¡viva la vida!”

Véase también La música, ese excelso misterio

Esteban López

PD. “Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia”. -Jesús de Nazaret (Juan 10:10, LBLA)