La música, ese excelso misterio

músicaLa música es misterio porque nos envuelve y nos eleva. Es misterio porque puede cambiar nuestro estado de ánimo y hasta nuestra visión de las cosas. Es misterio porque a menudo, lo que antes veíamos solo en blanco y negro, lo transforma milagrosamente a todo color.

El cometido moral de la música y del arte en general es la búsqueda de la felicidad, el encuentro del ser humano consigo mismo y con sus íntimas aspiraciones. Y es la sensibilidad artística, no la inteligencia ni la cultura, lo que produce la belleza en el arte. Lo que Beethoven ve, por ejemplo, en una escena campestre, un arroyo, una tormenta, etc., lo convierte en una genial y estimulante obra sonora, la Sexta Sinfonía (Pastoral). Para el resto, sin embargo, todo lo que Beethoven es capaz de ver pasa absolutamente desapercibido. Quizá por eso él mismo dice que «la música constituye una revelación más alta que ninguna filosofía».

El lenguaje de la música es universal en el tiempo y en el espacio. Hasta los pueblos primitivos han sentido siempre el impulso de mostrar sus estados de ánimo a través del canto y la danza. Kant dice que la música es inalterable, absoluta, que causa un efecto bienhechor en el espíritu humano y «un placer desinteresado». De hecho, es sorprendente la capacidad que la música tiene para mover emociones y los más recónditos sentimientos del ser humano. Como suele decirse, llega bien hondo, hasta lo más profundo del corazón. Theodor W. Adorno lo expresa muy bien también cuando dice:

«Cuando escucho la música magna, creo saber que lo que tal música dice no puede ser lo contrario a la verdad«.- T.W. Adorno y E. Kogon, «Offenbarung oder autonome Vernunft«: Frankfurter Hefte 13 (1958), p. 498.

Mstislav Rostropóvich (1927-2007), músico formado en la Unión Soviética considerado el máximo violonchelista de su generación y que recibió el Premio Lenin, máximo galardón soviético, había dedicado su vida a la música y sabía muy bien que era capaz de elevar al ser humano hasta los sentimientos más sublimes. Hombre culto y sensible, en 1974 junto a su esposa se vio obligado a abandonar la URSS por defender de forma pública al escritor Alexander Solzhenitsyn en una carta enviada al diario Pravda en 1970. El 11 de noviembre de 1989, dos días después de la apertura del Muro de Berlin, Rostropóvich interpretaba delante de sus ruinas la suite número dos para violonchelo de Johann Sebastian Bach. Para millones de personas, el comunismo soviético se había convertido en la historia de una gran decepción. Entristecido por la división del mundo escribió:

«Dios nos ha dado un sólo idioma, la música, para la que no hace falta traductores, pero no hemos sido capaces de usarla para unificar el mundo».

Arthur Schopenhauer (1788-1860) es el filósofo pesimista por antonomasia, más que ningún otro pensador de la filosofía moderna. En su obra «El mundo como voluntad y representación» manifiesta que todo se mueve por una «voluntad» ciega e irracional, carente de sentido y sin ningún propósito. No es buena ni mala, afirma. Simplemente está ahí. Un entorno donde el ser humano se limita a subsistir y a una lucha permanente con sus congéneres. Sin embargo, Schopenhauer rechaza el suicidio como solución. Es inútil, dice, porque la voluntad de la vida es imposible de matar. El único que pierde con el suicidio es uno mismo. ¿Hay por tanto alguna forma de escapar de esta situación que no sea el suicidio? Schopenhauer lo tiene claro: el arte, la contemplación estética y el contacto con el espíritu sublime de todo arte. Y de todas las manifestaciones artísticas que existen, la principal de todas ellas es la música, más incluso que la pintura o la escultura. Por eso escribió,

«En la música todos los sentimientos vuelven a su estado puro y el mundo no es sino música hecha realidad». – Arthur Schopenhauer, Parábolas, aforismos y comparaciones, Andrés Sánchez Pascual, Barcelona, Edhasa, 1995).

Pero según Schopenhauer la naturaleza es terrible, y no deja muy claro cómo la música podría servir de consuelo. Y sin embargo el caso es que sirve. El caso es que funciona. Llega hasta lo más profundo y eleva el espíritu. ¿No podría ser entonces la música una manifestación de que en realidad esta existencia, lejos de ser un terrible absurdo, sí tiene sentido y propósito?

Los siguientes ejemplos podrían ilustrar muy bien hasta dónde puede llegar la creatividad y la sensibilidad del espíritu humano. Son diferentes y variados e intentan ser solo una pequeña muestra de ese precioso universo.

Wolfgang Amadeus Mozart

mozartMozart fue un ser con un don privilegiado para componer música y ejecutarla. Nació en Salzburgo, Austria, en 1756. Fue todo un niño prodigio alentado por su padre al observar las dotes naturales de su hijo. Entre los séis y los once años ya dio varias giras de concierto por Europa tocando al clave, el violín y el órgano. Y los éxitos continuaron así por los siguientes años. Sorprende el gran número de obras producidas en tan pocos años: cerca de 750, no habiendo género alguno que no tocase. Mozart crea con sorprendente naturalidad y espontaneidad. Su música es sencilla, ingenua y tierna como lo es él, lo que hace que el resultado sea algo exquisito, amable y galante. Sus constantes viajes demuestran su cosmopolitismo y su sorprendente poder de asimilación de estilos. Sus 49 sinfonías resplandecen por la riqueza de ideas, amplia sonoridad y cristalina transparencia.

Sin embargo, Mozart no tuvo una vida fácil. De hecho las envidias y las intrigas contra su persona fueron constantes, lo que minó su espíritu y muy probablemente acortó su vida. Falleció en 1791 a la edad de 35 años de fiebre reumática aguda, cargado de deudas y mientras todavía trabajaba en su famoso Requiem. Tuvo un entierro sencillo en una fosa común, y solo fue después de su muerte que su prestigió se incrementó. Como a veces ha ocurrido en la historia, algunos grandes hombres se fueron del modo más humilde y absurdo.

Oficialmente Mozart era católico, aunque no un católico conservador. Sin embargo en mucho de su obra se muestra una sensibilidad profundamente trascendente. Son varios los analistas que suelen hablar del «misterio de Mozart». Por ejemplo, su concierto para clarinete KV622 compuesto solo dos meses antes de fallecer, es una pieza de insuperable belleza, intensidad y fuerza interior. Es una composición que renueva, fortalece y consuela. En el adagio del concierto para clarinete, cualquier persona sensible puede percibir algo completamente diferente: el sonido de lo bello en su infinitud, el sonido del Infinito que nos trasciende y que no puede ser definido solo en palabras. No es extraño que Bernard Shaw calificara su obra como «la única música del mundo hasta el momento compuesta que no sonaría fuera de lugar en la boca de Dios«.- R. Taruskin, «Consumer Mozart: From God-Child to Musical Yuppi«, en International Herald Tribune, 14 de septiembre de 1990.

Pero la música no lo era todo para Mozart. Lo prueba una carta dirigida a su padre Leopoldo, con fecha de 4 de abril de 1787, mientras éste yacía ya moribundo, y solo cuatro años antes de su propia muerte. Mozart escribe:

«Puesto que la muerte es, a decir verdad, la auténtica finalidad de nuestra vida, desde hace un par de años me he familiarizado hasta tal punto con esta sincera amiga del ser humano, su mejor amiga, que su imagen no tiene ya para mí nada de aterradora, sino bastante de tranquilizadora y consoladora. Y doy gracias a mi Dios por haberme concedido la suerte, por haberme brindado la oportunidad -usted me entiende- de reconocer en ella la clave de nuestra verdadera felicidad«. – W. A. Mozart, «Cartas al padre, 1777-1787«, Multiva, Navarra 2012.

Véase también:

 

Esteban López

3 comentarios sobre “La música, ese excelso misterio

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  1. Reblogueó esto en Neuroscience and Philosophyy comentado:
    🧠 🖋️ 🖋️Wichtig sind nur die wenigen Ideen, die ich einbringen kann. Der Tod als das Leben ist eine Gabe und eine Aufgabe.

    🧠🇪🇸🇲🇽 “El Poder de la Música en la Neurobiología del Ser Humano” por Julio César Cortés Medina.
    A un par de años.

    🙏🏻Autor/ // HAGO COSAS
    Autor Libro de Jóvenes Escritores No.7

    ¿Qué es un genio creativo en términos neurológicos?, ¿Qué decir cuando la música se convierte ruido en las salas de operaciones, un peligro para la seguridad? o ¿Recordando la frase “Ella esta loca pero es mágica, no hay mentira en su fuego.” La de Open City y Rolling Stones Magazine, aquella que escribía de música y poemas si… La que entrevistó a Janis Joplin y Jimmy Hendrix entre otros. Haaa ¿Lisa Dee Dee en la novela Mujeres de Charles Bukowski?

    ¿Un mundo ruidoso, de palabrería, de agitación y de estrépito, el cual se hace más fuerte con cada año que pasa? ¿ruidos innecesarios mientras la tecnología se vuelve cada vez más sofisticada? ¿No Los servicios hospitalarios claman silencio en los pasillos? ¿Lugares tradicionalmente tranquilos son invadidos por el radio a todo volumen en taxis, microbuses, camiones y oficinas? ¿Qué tal los ruidos de los motores, los cláxones y alarmas, produciendo un clima de agitación y estrés? O así es pues…

    Que se abra Facebook o Netflix con más frecuencia? Mejor? pero si aquellos que más tiempo pasan en Facebook tienen un volumen menor de materia gris en el Centro de Gratificación o Recompensa, con sus nombres raros núcleo accumbens. Eso qué?…. Pues El cerebro da la impresión de preferir dar “clics”, ver videos y fotos a leer y/o estudiar seriamente; presentando crecientemente ya no solo dolor en el cuello, sino déficit neuronal continuo y además con pérdida de oportunidades en la adquisición de otras habilidades.

    Mientras disfrutamos de las bondades de la red estamos sacrificando nuestras capacidades para leer, debilitando el pensamiento con profundidad, crítico, reflexivo, conceptual y creativo. Así hasta el punto de que al ser humano le cuesta cada vez más leer un libro y asimilar textos extensos, pues se ha ido acostumbrando a lo inmediato de la red.
    Pero… si la adicción a Facebook activa las mismas zonas que la cocaína? Y qué tiene…? Azúcar!!!! Además.. Esque hacen que los individuos respondan más rápido a señales de esta red que a cualquier otra señal encontrada en la calle. Mach dir keinen Kopf!!!!!!!!????

    ¿Podría el comportamiento creativo ser aprendido? o ¿Por qué también la música activa la función neurológica en los pacientes con Alzheimer que parecen perdidos? ¿Hasta cuándo se convierte en ruido?
    ¿O tal vez a lo mejor no… Cuando se entromete en lo que se intenta hacer y toma forma de sonido desagradable, no deseado, que perturba y enferma? ¿Cuando la palabra deja de ser vehículo de comunicación, sin fomentar comunión ni generar vida y se convierte en agresión mediante el grito o la palabra altisonante? Tal vez si el mismo Dante hubiera vivido en nuestro tiempo hubiera incluido ruido en uno de los círculos del infierno.

    ¿Lo anterior nos llevaría a considerar también la importancia del silencio en posibles tratamientos potenciales en individuos con trastornos asociados a nivel hipocampal como la demencia o depresión? El silencio no es mutismo, sino un hábito útil que se puede adquirir y con amplios beneficios para nuestro cerebro, invadiendo diversos planos del ser humano el corporal, intelectual y espiritual, moderando incluso el arrebato, la prisa, el alboroto y la violencia….

    ¿O a lo mejor para algunos y algunos no es mera ciencia ficción?…. ¿Aunque el mismo Nietzsche diga pues eso de que “EL CAMINO A TODAS LAS COSAS GRANDES PASA POR EL SILENCIO”?

    ¿“El punto fundamental es la emoción”? así lo define Charles J. Limb, científico apasionado por el estudio de la música, quien ha indagado la improvisación en músicos de jazz utilizando resonancia magnética funcional en la Universidad Johns Hopkins, observando cambios de actividad en las regiones prefrontales, en la cual al menos una hipótesis razonable es que para ser creativo se presenta una rara disociación en el lóbulo frontal, es decir un sector que se enciende y otro gran sector que se desactiva, de ahí la capacidad de regular la motivación y el matiz afectivo también.

    Incluso, la conocida pasión por el jazz del escritor japonés Haruki Murakami se ve reflejada en su novela el Fin del mundo y un despiadado país de las maravillas, nos deleita estando en lo correcto al hablar de jazz, una oleada rica hace disfrutar esa libre improvisación, mediante un canal especial creativo.

    Murakami decía que solo tenía que entrar en un estado de flujo, el mismo estado tal vez en el que un cirujano entra cuando se encuentra operando sin tener que ir al servicio, inhibiendo cualquier deseo, confirmando una vez más el vínculo existente con el impulso límbico, el activador emocional pues de la creatividad. Tal vez por esto y más, algunos autores señalan a la «furia creativa» (Marina, 1993) como la madre del progreso, la liberación respecto de la opresión y la miseria, la capacidad para hacer lo nuevo y rehacer lo viejo.

    Muy seguramente en los próximos 15 o 20 años veamos muchos más estudios correlacionando cada vez más la ciencia con el arte, poniéndose al día juntas, al servicio del padecimiento de un individuo.

    De hecho la música es extraña, música para lo diferente, para los que no han sido invitados que arrastra al oyente a las puertas del sueño… “La música puede dar nombre a lo innombrable y comunicar lo desconocido”…

    La música puede ser considerada como un ser vivo, un fenómeno no sólo auditivo, sino capaz de alterar la emotividad del oyente, capaz de generar una elevación en los niveles de dopamina con experimentación y predicción de una sensación placentera, sino además con un componente de carácter motor; “escuchamos música con nuestros músculos”, escribió Nietzsche.

    Como es referido en los relatos de la música y el cerebro, Musicofilia de Oliver Sacks, la búsqueda por el significado de la música constituye uno de los problemas más antiguos y conocidos de la humanidad. Como algo que carece de conceptos, sin elaborar proposiciones resulta tan necesario, especial e importante para la vida humana con matices únicos e inigualables de comprensión de la estética del arte, filosofía, matemática y la propia medicina como lenguaje.

    La mayoría de los seres humanos somos eminentemente musicales; sin embargo, para Sacks, también existen unos pocos, quienes (al igual que los súper-señores de la novela de Arthur C. Clake “El Fin de la Infancia”) carecen del centro de procesamiento que les permite apreciar tonos y melodías, es decir, seres “amusicales”. Incluso Charles Darwin lo expresó en su tratado sobre el origen de las especies, clasificando la apreciación musical entre las facultades más misteriosas de las que se encuentra dotado un ser humano.

    Melómanos expertos sugieren que el origen de la música debe encontrarse dentro de nuestros propios cerebros, en nuestros propios genes y, además , interactuando con el mundo:

    ENFERMOS QUE HAN SUFRIDO UNA LESIÓN CEREBRAL VASCULAR SE HAN RECUPERADO HASTA HABLAR NORMALMENTE Y RECONOCER SONIDOS DEL AMBIENTE, PERO QUEDAN INCAPACES DE RECONOCER MELODÍAS QUE ANTES DEL EVENTO LES ERAN FAMILIARES; QUEDAN CON AMUSIA. CASO CONTRARIO ES EL DE VISSARION SHEBALIN, COMPOSITOR RUSO QUE SUFRIÓ DE UN INFARTO CEREBRAL QUE LO PRIVÓ CASI TOTALMENTE DEL LENGUAJE VERBAL, PERO PUDO COMPONER SU QUINTA SINFONÍA. EVIDENTEMENTE SE TRATÓ DE SITIOS DIFERENTES DEL DAÑO CEREBRAL.

    Y la medicina y la música se unen para narrar historias extraordinarias para algunos pues… Existen niveles mayores y otros menores de estados creativos, así como diferentes versiones de cada persona y el mensaje es claro: la emoción, el cerebro emocional «colorea» un cúmulo de redes neurales en cada persona, este sentir y ansiar que representan el motor de todos los logros del que hablaba Einstein, lo cual enfatiza las capacidades de músicos profesionales, logrando recuperarse, sin quedarse desencordado, como una guitarra sin cuerdas; incluso cuando gran parte de un lóbulo temporal puede ser removido.

    Y de la música como lenguaje, la activación de la región de la expresión del lenguaje articulado (área de Broca), lográndose apreciar cuando dos músicos intercambian compases musicales, tienen un conversación musical real y el sector que se desactiva involucra regiones de procesamiento semántico (giros angular y supramarginal).

    De la misma manera, no menos importante es la analogía entre el rap y el jazz, los individuos que improvisan y los que ya han memorizado algún verso. En este sentido se activan las áreas cerebrales visuales y del cerebelo para la coordinación y memoria motora. Hay mayor actividad en nuestro cerebro cuando se trata de tareas análogas, que cuando una tarea es creativa. Independientemente del aprecio a cierto género musical desde el ángulo creativo es algo fenomenal.

    El ruido en la sala de operaciones puede causar una disminución en la función de procesamiento auditivo, particularmente en presencia de música (pues hay personal que la encuentra relajante y algunos simplemente les distrae). Esto se torna más complejo cuando la comunicación implica conversaciones de importancia. Con el objetivo de evitar la falta de comunicación efectiva, las distracciones e interrupciones en la sala de operaciones se debería tal vez en la medida de lo posible modular la voz del personal y el justo peso a la secuencia motora del habla de cada individuo, reducir los niveles de ruido en el ambiente y modular los niveles del sonido de la música (J Am Coll Surg. 2013 Dec; 217(6):1154-5).

    “Gesamtkunstwerk”«Libiamo ne’ lieti calici» vívela intensamente con un Huapango de José Pablo Moncayo, la obra musical más notoria de México, Carlos Chávez con Sones de Mariachi y Zandunga ó la Pirekua (En purépecha, canción y por lo general se canta en esta lengua nativa o en castellano. Se destaca por su carácter nostálgico y sentimental. Cultivadas en Pátzcuaro, Michoacán. México ó el Famoso Cerro del Quinceo y otras comunidades. En Michoacán, México; es una parte del alma purépecha, incorrectamente llamados tarascos por sus enemigos aztecas) con “Flor de canela” Tsistsiki urapiti (flor blanca originalmente) El Odeón Michoacano, de Mariano de Jesús Torres.

    Sin dejar de lado “La Traviata” de Verdi, Carmen de Bizet, El libertino castigado o Don Juan de Mozart, El anillo del Nibelungo con la célebre Cabalgata de las Valkirias– Tristán e Isolda, Parsifal y El holandés errante de Wagner. Sin mediocridades pues… Disfruta del pánico que provoca tener la vida por delante al lado de Milonga del Ángel con Piazzolla, “Mi noche triste” ó claro claro!!!!!!! … «por una cabeza» de la jerga hípica, un juego de palabras, perdiendo la cabeza por una mujer del maestro Carlos Gardel ó Daniel Barenboim con “El Sonido Es Vida: El Poder de la Musica” y así… Liszt con Liebestraum y Berlioz, Serguéi Rajmáninov, Schubert, Horowitz y hasta flor deshojada, tricionera o callejera de Fernando Fernández.

    La música puede definir los sentimientos, imposibilitando toda traducción; no porque sea demasiado abstracta, sino porque resulta demasiado concreta, dándonos una oportunidad ilimitada para entregarnos al descubrimiento de nuestra más profunda interioridad. Por ser una forma especial del pensamiento, la música nada puede expresar fuera de sí misma. Cuando así la entendamos, habremos llegado a ella, más allá de la fe, de la ciencia y de la razón; con el sentimiento.

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