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KafkaPor la originalidad de su obra, fue el creador del concepto “kafkiano” que transmite la idea de algo de carácter trágico o absurdo. Como escritor llamó la atención por manifestar un nuevo modo de ver la existencia y lo cotidiano. Sus escritos no muestran a un revolucionario. Más bien a alguien con el deseo de hallar un sentido a la vida, porque como él decía, “soy más extranjero que un extranjero“. Es una lucha sin esperanza, que solo la muerte puede aliviar. Es alguien desesperado y solitario que busca con todas sus fuerzas una normalidad de vida que nunca tuvo debido a enfermedad y a constantes mudanzas. Es un canto de amor y temor, así como de rebelión contra la sociedad alienante, la política y la religión. En toda esa lucha, es a la mujer, como “diosa-madre”, a la que se aferra con todas sus fuerzas.

Franz Kafka nace en Praga el 3 de julio de 1883 en el seno de una familia judía poco practicante de habla alemana y checa. Tuvo dos hermanas. Desde muy niño se sintió desplazado debido a los continuos cambios de residencia, ya que no podía afianzar las amistades. Tímido y discreto, trataba de pasar siempre desapercibido. Nunca tomó partido por nadie, ni por los alemanes, ni por los checos, ni por los judíos. Los enfrentamientos entre unos y otros le desconcertaban, haciendo que se refugiara siempre en su mundo interior.

Su principal idioma era el alemán que estudiaría en profundidad. Estudió Germanística e Historia del Arte. Sin muchos deseos también estudia derecho, doctorándose en junio de 1906 en la Universidad de Praga. Resultó ser un joven despierto y apasionado en principio abierto a las amistades. Encuentra un trabajo en la Compañía de Seguros de Accidentes Laborales del Reino de Bohemia, empleo en el que permanece hasta dos años antes de su muerte y que nunca le llenó. Su pasión era escribir, forzándose a hacerlo hasta altas horas de la noche, lo que acabó mermando su salud. Siempre fue un tormento para él tener que enfrentarse diariamente al dilema “ganarse la vida o vivirla“.

No fumaba ni bebía. Iba con regularidad a la piscina y andaba mucho. Era vegetariano y llevaba a cabo ciertas prácticas ascéticas, como dormir en un cuarto frío, bañarse en ríos helados o dejar de llevar abrigo. Solía pasar sus vacaciones en colonias naturistas. Documentos encontrados recientemente, muestran que tuvo un hijo con Greta Bloch, algo que ella siempre ocultó criándolo sola y hasta que el niño murió con siete años. Greta moriría a manos de los nazis en 1944 cuando intentaba llegar a Israel.

En 1914 escribe una de sus obras más famosas: “El Proceso“, y en 1915 publica “Metamorfosis“. En 1917 sufre su primera crisis tísica pero se niega a ingresar en un sanatorio. Fue por entonces que se familiariza con la obra de Kierkegaard, padre del concepto de la “angustia”, así como con la Biblia. Empieza también a escribir sus “Aforismos“, continuando con todo detalle la escritura de su diario personal, gracias al cual puede saberse mucho de sus vivencias diarias y de su pensamiento.

En 1919 publicaría “La colonia penitenciaria“. En noviembre “Carta al Padre“, época en la que empezó a agravarse su enfermedad, obligándole a ingresar en varios sanatorios y residencias. En 1920 comienza su correspondencia con Milena Jesenká, traductora checoslovaca de gran talento a quien entrega todos sus manuscritos. En el sanatorio Matliary, conoce también a Robert Klopstock, tísico como él y que abandona los estudios de medicina para cuidar de Kafka. Por entonces escribiría también “Un médico rural“. Entre 1921 y 1922 escribe “El Castillo” e “Investigaciones de un perro“.

En 1923 conoce a Dora Diamant, de unos veinte años de edad y que procedía de una familia judío-polaca. Fue la compañera que dio a Kafka en los últimos meses de su existencia la paz y felicidad que nunca antes había tenido. Escribe “Una mujercita” y “La madriguera“. Después de estar en varios sanatorios, Kafka fallece el 3 de junio de 1924 en el de Kierling, cerca de Viena. Tenía solo 40 años. Le acompañaban Dora Diamant y Robert Klopstock quienes habían cuidado de él hasta el último momento. Fue enterrado en la misma tumba donde más tarde serían enterrados sus padres, en 1931 y 1934 respectivamente.

La fama póstuma de Kafka se debe sobre todo a su amigo Max Brod, a quien le había dicho que destruyera los manuscritos inéditos y que no se volvieran a editar los ya publicados. Pero Brod hiace caso omiso y se lanza a publicar su obra y a darla a conocer a los cuatro vientos para hacerla famosa.

En la obra de Kafka puede verse la influencia de Kierkegaard, así como un poso religioso. Autores como Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Jorge Luis Borges y Gabriel García Márquez fueron influenciados por ella. Al principio su obra solo se aprecia en el mundo anglosajón y en Francia. En Alemania, en cambio, sus obras son proscritas por el nazismo. Tanto sus hermanas como Milena mueren en campos de concentración. Kafka estaba convencido de que la tuberculosis que tenía era el resultado psicosomático de las lucha interna personal que vivía.

Es curioso el hecho de que sus obras también se proscribieran en Checoslovaquia cuando las fuerzas comunistas del Pacto de Varsovia aplastaran la Primavera de Praga. Cabe preguntarse qué es lo que tenían las obras de aquel hombre de salud frágil para que los represores de la libertad se fijaran en él. De lo que no cabe duda es que, con una imaginación desbordante, supo describir como nadie cuánto de absurdo tiene a veces la existencia y la sociedad donde vivimos y qué difícil hacemos los mismos humanos el poder vivir en ella. Es como si los seres más sensibles tuvieran que ser siempre las mayores víctimas propiciatorias.

El proceso

Existe el riesgo de que en una sociedad determinada prime más su ideario o propia identidad como organización que los derechos de la persona; cuando eso sucede es posible que lo justo y lo verdadero no lleguen a importar tanto como lo que conviene a esa sociedad. Para ver eso, no haría falta remitirse a regímenes tan totalitarios como el nazismo o el estalinismo; es posible verlo también en sociedades democráticas así como en organizaciones políticas, empresariales o religiosas.

Franz Kafka supo prever que situaciones así sucederían una y otra vez en la historia. Una de sus principales obras, El proceso, trata sobre un hombre llamado Joseph K al que un día se le acusa de un delito que desconoce, se le procesa sin saber qué leyes son las vigentes y finalmente se le ejecuta sin saber por qué. En su ensayo Cuando el inocente es declarado culpable, Manuel Reyes Mate escribe sobre esta obra de Kafka:

“Joseph K se rebela y lucha contra esa situación y lo único que consigue saber es que detrás de todo está ‘una gran organización’ que se alimenta de ‘detener a personas inocentes’ y que se mueve por un extraño principio: no hay que preguntarse por lo justo o por lo verdadero, sino por lo que es necesario y conveniente a la organización.
“El proceso es la historia del hombre inocente tratado como un culpable. La sociedad puede tratarnos como culpables aunque no medie proceso alguno, ni exista una condena formal. Basta que en su modo de funcionar no nos trate con la consideración de un sujeto de derechos humanos”.–Manuel Reyes Mate, Europa y el Cristianismo, Antropos, 2009.

La experiencia muestra que muy a menudo, el único interés de ‘la organización’ es subsistir sea como sea, y si para eso ha de conculcar derechos humanos básicos no lo dudará ni un momento. La persona se convierte así en un simple número, en un mero ‘recurso humano’ estadístico que si molesta para sus propósitos se le liquida sin más. Lo importante es siempre ‘la marcha de la organización‘.

Los derechos humanos son un logro colectivo de la humanidad, pero existen muchos entornos donde simplemente no existen. Kafka lo sabía muy bien porque le tocó vivir en una Europa embebida por terribles ideologías y dos horrorosas guerras mundiales. Pero la Declaración Universal de los Derechos Humanos surgió como respuesta y como base en defensa de la dignidad humana, en armonía también con lo que ya había escrito Immanuel Kant en su imperativo moral categórico:

El hombre existe, no como un simple medio, sino como un fin en sí mismo. No posee simplemente un valor relativo, o sea, un precio, sino un valor intrínseco: la dignidad”.

Algo de su pensamiento

“No desesperes, ni siquiera por el hecho de que no desesperas. Cuando todo parece terminado, surgen nuevas fuerzas. Esto significa que vives”.

Todo el conocimiento, la totalidad de preguntas y respuestas se encuentran en el perro“.

Creo que sólo debemos leer libros que nos muerdan y nos arañen. Si el libro que estamos leyendo no nos despierta como un puñetazo en el cráneo, ¿para qué molestarnos en leerlo? ¿Para que nos haga felices, como dices? Cielo santo, ¡seríamos igualmente felices si no tuviéramos ningún libro! Los libros que nos hacen felices podríamos escribirlos nosotros mismos si no nos quedara otro remedio. Lo que necesitamos son libros que nos golpeen como una desgracia dolorosa, como la muerte de alguien a quien queríamos más que a nosotros mismos, libros que nos hagan sentirnos desterrados a las junglas más remotas, lejos de toda presencia humana, algo semejante al suicidio. Un libro debe ser el hacha que quiebre el mar helado que hay dentro de nosotros“.

La literatura es siempre una expedición a la verdad“.

No deseo otra cosa que hundir mi rostro en tu regazo, sentir tu mano sobre mi cabeza y permanecer así por toda la eternidad” (Cartas a Milena).

Si encuentras a alguien que te hace sonreír, que te mira a menudo para ver si estás bien. Que cuida de ti y quiere lo mejor para ti. Que te ama y respeta. No lo dejes ir. Gente así es difícil de encontrar“.

Cualquiera que tenga la capacidad de ver la belleza nunca envejece“.

Vivimos en una era tan poseída por los demonios, que pronto solo podremos hacer el bien y la justicia en el más profundo secreto, como si fuera un crimen“.

Los libros son un narcótico“.

Hoy los alemanes han invadido Polonia; por la tarde he ido a la piscina“.- Diario.

Es solo por su estupidez que algunos pueden estar tan seguros de sí mismos“.

No dejes que el mal te confunda y creas que puedes tener secretos para él”.

Reflexionar serena, muy serenamente, es mejor que tomar decisiones desesperadas“.

 

Esteban López