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En el antiguo Estado de Yugoslavia, diversos pueblos, culturas y religiones habían convivido pacíficamente durante años hasta que el 6 de abril de 1992 estalló la llamada Guerra de Bosnia. Hasta entonces, nadie podía imaginar cómo correría la sangre en el mismo corazón de Europa y el modo tan horrendo en que se matarían unos a otros, personas que hasta entonces habían sido pacíficos ciudadanos. Pero, ¿cómo pudo ocurrir algo así?

Haciendo alusión a otro escenario diferente, Hannah Arendt reconoce en su obra que el derecho no podría nunca resarcir o compensar la tremenda iniquidad que supuso el genocidio nazi. Demasiada maldad acumulada en la conciencia de la humanidad. Lo mismo podría decirse de otros muchos genocidios, como el perpetrado por Stalin contra los disidentes del comunismo; o el que sufrió salvajemente el pueblo armenio a manos del Imperio otomano en 1915; o el del pueblo camboyano en 1975 durante el régimen del dictador anti occidente Pol Pot. Pero lo que más sorprende es que, en todos esos conflictos desgarradores y sangrientos, participaran personas que a otras horas del día llevaban vidas normales.

Ernesto Sábato

En cierta ocasión, un periodista alemán preguntó a Ernesto Sábato, quien en 1985 dirigió la Comisión Nacional que publicó el informe Nunca más sobre la represión llevada a cabo en Argentina por los gobiernos militares desde 1976 a 1983, cómo fue posible que un país tan avanzado y “europeo” como Argentina pudiera llegar hasta donde llegó en el asunto de los ‘desaparecidos’. La respuesta de Sábato, profundamente iluminadora, fue que cómo fue posible que una Alemania tan culta, cuna de tantos grandes filósofos y músicos pudiera llegar hasta donde llegó en la aniquilación sistemática y sin escrúpulos de millones de personas durante el régimen nazi de 1933 a 1945. Y es que además, la connivencia del pueblo alemán con aquel régimen atroz no fue pequeña según afirman distintos historiadores.

Hugo BossPor ejemplo, según se ha reconocido en un reciente libro autorizado por la familia de Ferdinand Boss, creador de la marca Hugo Boss, éste no solo apoyó fervientemente a Adolf Hitler durante la Segunda Guerra Mundial, sino que mantuvo esclavizados en su fábrica de Metzingen, en el estado de Baden-Wurttemberg a 180 prisioneros de guerra (140 franceses y 40 polacos) la mayoría mujeres, para la confección de los uniformes paramilitares de las SA, SS, y posteriormente la Wehrmacht y las juventudes hitlerianas. No dudó en deshacerse de toda relación con judíos denunciándoles para justificar su adoctrinamiento ante el partido, llegando a convertirse en un próspero empresario. Y es que fue con esos uniformes y botas impecables que se pateó, golpeó, violó, torturó y se asesinó a miles de seres humanos inocentes. Cabe preguntar por tanto, cómo fue posible que tantas personas “¿inteligentes?” pudieran sucumbir ante una ideología tan nefasta, inicua y pertinaz enemiga de la dignidad humana.

RibbentropPueden citarse muchos más ejemplos porque la historia muestra una y otra vez, que personas normales, como padres de familia, etc, pueden llevar a cabo sin inmutarse los más viles crímenes y llegar a comportarse como monstruos sin conciencia alguna. Por ejemplo, en la foto a la izquierda puede verse al ministro de asuntos exteriores nazi, Joachim von Ribbentrop (1893-1946) con su hijo más joven, Barthold, en 1942. Fue el primer dignatario nazi condenado a muerte en los Juicios de Nuremberg. El 16 de octubre de 1946 fue sentenciado a morir en la horca por crímenes de guerra. La experiencia muestra que, bajo determinadas circunstancias y el debido adoctrinamiento, personas normales y ejemplares padres de familia pueden participar y  colaborar activamente en organizaciones totalitarias o sectarias, sean políticas o religiosas, adversas a los derechos humanos.

Pero quizá lo mfiesta-de-navidad-naziás contradictorio y abyecto es cuando un sistema ideológico determinado pretende justificar su posición a toda costa queriendo transmitir una imagen pacífica y normal, incluso ‘religiosa‘. Por ejemplo, en la fotografía de al lado puede verse una celebración nazi de Navidad organizada por Adolf Hitler en 1941. A juzgar por la imagen cálida que se muestra, nada haría sospechar sobre los excesos terribles de aquel régimen. Pero como dijo Jesús de Nazaret, “¿qué consorcio tiene la luz con la oscuridad?” Y es que la experiencia muestra que la inextricable mente humana tiene la extraña habilidad de justificarlo absolutamente todo y en nombre de conceptos a veces excelsos como por ejemplo ‘la patria’, ‘Dios’,  ‘el pueblo‘ o ‘la organización‘, y sin importar que eso haya significado tantas veces para el ser humano el mayor de los sufrimientos.

Kennedy4El concepto mítico determinante aquí es el Estado. En la Alemania nazi, además del concepto Deutschland (Alemania), existía el de que “los judíos son los enemigos de Alemania”. En otras dictaduras suele hacerse alusión también a los llamados ‘elementos subversivos’ o los ‘enemigos de nuestra patria’. O también las doctrinas relacionadas con una presunta superioridad racial, religiosa o nacional. Como lo expresó John F. Kennedy (1918-1963),

“El gran enemigo de la verdad muy a menudo no es la mentira­ deliberada, bien tramada y deshonesta, sino que es el mito persistente, persuasivo e irreal”.

Otro ejemplo paradigmático de lo que se está diciendo es el terrorismo, acción violenta ciega contra otros para infundir terror tras el cual siempre parece que existe una justificación ideológica política o religiosa. Muchas personas preguntan cómo se puede matar a otros “en nombre de” sin que se tenga ningún remordimiento de conciencia. Son las palabras de Aldous Huxley (1894-1963) aquí las que invitan una vez más a la reflexión:

La eficacia de una propaganda política y religiosa depende esencialmente de los métodos empleados y no de la doctrina en sí. Las doctrinas pueden ser verdaderas o falsas, pueden ser sanas o perniciosas, eso no importa. Si el adoctrinamiento está bien conducido, prácticamente todo el mundo puede ser convertido a lo que sea”.

Causas

Pero, ¿cuál podría ser la razón de semejante contradicción y dualidad abyecta? Son condiciones como las que siguen las que podrían coadyuvar a transformar negativamente la conciencia y voluntad humanas:

1.-Adoctrinamiento persistente con alguna idea que desprecia por completo la dignidad del ser humano, tal y como sucedía en el fascismo, el nazismo o el stalinismo. Por ejemplo, Giovanni Gentile, el principal responsable de propaganda durante el régimen fascista de Benito Musolini decía que para el fascismo, todo está dentro del Estado y nada humano o espiritual existe ni tiene valor fuera del Estado”.

2.-Recepción psicológica interna de esas doctrinas como “verdades“. Asumir como propias las ideas de la propaganda de un régimen político o ideólogico determinado adoptando vitalmente la posición de ‘mi patria tenga razón o no.’

3.-Presión social interna en el grupo ideológico al que se pertenece. Conducta mimética, posibilidad de “hacer carrera” dentro del partido o del grupo asumiendo también metas concretas de éxito o reconocimiento interno.

4.-Miedo a las consecuencias reales por disentir (expulsión, ignominia, extremo rechazo) anulando la capacidad de suficiente análisis y autocrítica.

5.-Falta de formación en los valores democráticos de tolerancia, libertad y respeto por los derechos humanos, donde a diferencia de las ideologías o conceptos artificiales varios se ponga al hombre en el centro de todo; que como entendía Kant, que el ser humano no sea una simple “cosa, un simple medio, sino un fin en sí mismo investido de dignidad por el simple hecho de serlo.

-Véase el artículo Immanuel Kant, atreverse a pensar

Esteban López