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Vida eterna” y “resurreción” son dos conceptos intrínsicamente relacionados en el cristianismo. Jesucristo dijo en varias ocasiones que “el que cree en mí, tiene vida eterna y yo lo resucitaré en el último día” (Juan 6:40). Es decir, que si se afirma que se es cristiano no solo de nombre sino de corazón, se espera con convicción la resurrección de todas las personas fallecidas. moltmann

Sobre la importancia de entender esto así, Jürgen Moltmann (Hamburgo, 1926), teólogo y profesor de teología dogmática en Tubinga, Alemania, en su obra “Teología de la esperanza”, escribe: “No existe en el Nuevo Testamento ninguna fe que no arranque “a priori” de la resurrección de Jesús… La fe cristiana que no sea fe en la resurrección no puede, en consecuencia, ser llamada ni cristiana ni fe”.

Muchas expresiones profético-poéticas que aparecen en las Escrituras Hebreas hablan acerca de que los “justos poseerán la tierra“, etc, como expresión de la realización, bendición y dicha plena del ser humano. En el cristianismo, eso mismo se representa como “el cielo” en muchos lugares (Lucas 10:20; Col.1:5). Pedro también usa la expresión “nuevos cielos y nueva tierra” para describir la nueva dicha que les espera a los que confían en la justicia de Dios (2ª Pedro 3:13). En las Escrituras puede verse que la esperanza del cristiano está relacionada con “la restauración de todas las cosas” (Hechos 3:21), y la liberación de la creación “en la libertad de los hijos de Dios” (Romanos 8:19-23).

La primera carta de Pablo a los corintios capítulo 15 trata sobre cómo será la resurrección. Según se indica allí, después del cuerpo físico, quienes están ‘en unión con Cristo Jesús’ reciben uno espiritual y glorificado. Filipenses 3:20 y 21 también está en la misma línea de pensamiento. Sobre este asunto, el teólogo Paul Althaus, en su libro “Las últimas cosas. Manual de escatología”, dice que la fe cristiana en general “no habla de inmortalidad del alma, sino simplemente de ‘inmortalidad’, de la irrevocabilidad de la relación personal con Dios; pues esta relación afecta al hombre en la totalidad de su existencia anímico-corporal. No se trata del ‘alma’, sino de la persona en cuanto unidad viva del ser corpóreo-espiritual, unidad fundamentada en la llamada de Dios”.

hans_küngSobre este mismo tema, el teólogo Hans Küng comenta en su libro ¿Vida Eterna?:

Cuando el Nuevo Testamento habla de resurrección, no se refiere a la pervivencia natural de un alma espiritual independiente de las funciones corporales. Más bien se refiere -en la línea de la teología judía- a la nueva creación, a la transformación del hombre entero por obra del Espíritu vivificante de Dios… La gloria de la vida eterna es del todo nueva, insospechada e inaprensible, impensable e indecible: “Lo que ojo nunca vio, ni oreja oyó, ni hombre alguno ha imaginado: eso ha preparado Dios para los que le aman (1ª Cor.2: 9)”. -Pág. 188.

Xavier Zubxavier zubiriiri (1898-1983), quien dedicó buena parte de su obra a reflexionar sobre el hombre y Dios, escribe en su libro “El hombre y su cuerpo”(1973),

Cuando el cristianismo habla de supervivencia e inmortalidad, quien sobrevive y es inmortal no es el alma, sino el hombre, esto es, la sustantividad humana entera. Y esto tendría que ser por obra de una acción recreadora, resurreccional“.

Hechos 24:15 se parece mucho a lo que dijo Jesucristo con respeto a los resucitados en Juan 5:29. Saldrán los que hicieron cosas buenas a una resurrección de vida, los que practicaron cosas viles, a una resurrección de juicio.” Esto mostraría que todos los seres humanos rendirán cuentas de sus hechos ante Dios. Puede que la resurrección de la persona tenga lugar en una dimensión diferente de lo que hoy el ser humano conoce. Será su completa realización como persona, la contestación plena a su esperanza y anhelo por justicia. Las Escrituras pudieran muy bien referirse precisamente a eso cuando hablan acerca del “cielo“, o de “un nuevo cielo y una nueva tierra“, es decir, la plena bendición de Dios para la humanidad y para “que Dios sea todas las cosas para con todos“. – 1ªCor.15:28.

El libro de Revelación o Apocaslipsis es un libro lleno de simbolismos y hay varias “corrientes” teológico interpretativas de su significado. Una de ellas explica que su culminación ya se ha realizado completamente en la iglesia o congregación cristiana, y que los “mil años” tienen que ver con la existencia de la iglesia de Cristo antes de su “parousía“. Sin embargo, todavía hay otra corriente que espera su culminación en el futuro.

Vida eterna

Cuando se afirma que la vida eterna podría ser en la tierra, esto hace que surjan algunas preguntas. Sería honrado, por ejemplo, que textos como Hebreos 1:10-12 y 2ª Pedro 3:10-13 también se tuvieran en cuenta, porque en ellos se indica que llegará un día en que la tierra y cielos actuales dejarán de existir. Lo difícil aquí parece ser que es poder saber con exactitud qué quiso decirse con la expresión ‘nuevos cielos y nueva tierra’.

La mayoría de los eruditos bíblicos reconocen que la llamada “escatología“, es decir, las cosas que tienen que suceder al final de los tiempos, es un asunto difícil. Por eso, ¿no parece presuntuoso el que alguien afirme que se tienen todas las respuestas? ¿no sería mejor y más honrado reconocer que hay muchas cosas que no conocemos y que es mejor esperar en Dios? Es verdad que ahora ningún hombre puede saber los detalles precisos de cómo será la ‘vida eterna’ prometida; por eso se dice también en las Escrituras que  “ahora vemos como confusamente en un espejo de metal, mientras entonces veremos cara a cara; ahora conozco limitadamente, entonces comprenderé como Dios me ha comprendido”. – 1ª Corintios 13:12.

Sobre estas palabras, Charles Hodge, en su Comentario a la Primera Epístola a los Corintios, escribe:

Vemos enigmáticamente, es decir, oscuramente. La idea podría ser también que vemos las cosas divinas en enigmas, por así decirlo. No vemos las cosas mismas, sino su representación en símbolos y palabras que las expresan imperfectamente”. – Pág. 253. cf39c1b47a19d7d5e8cf2bb512d4511c

Sin embargo, aunque no se hayan dado todos los detalles de cómo Dios bendecirá finalmente a la humanidad, lo contenido en las Escrituras donde se registran varias resurrecciones, así como el propio deseo del ser humano de trascender, sigue siendo causa de reflexión y una fuente de ánimo para mantener la esperanza. No cabe duda de que lo importante aquí es que Jesucristo prometió vida eterna para todos los que pusieran fe en él. No parece que sea muy significativo saber minuciosamente todos los detalles de cómo será esa vida.

Abrahán, por ejemplo, cuando Dios le pidió que saliera de  Ur de los Caldeos no sabía a dónde iba, no lo sabía todo, ni tenía todas las respuestas. Sin embargo se fió completamente de Dios y fue bendecido. Lo mismo ocurrió con otros hombres de fe en el pasado así como con los primeros discípulos de Jesús; no lo sabían todo y no conocían muchos detalles de cómo sería su vida futura. Pero mantuvieron siempre una confianza radical en Dios y una ‘ignorancia esperanzada’ de que fuera como fuera, seguro que todo sería ‘muy bueno‘. De todos ellos se dice:

En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose extraños y forasteros sobre la tierra. Los que tal dicen, claramente dan a entender que van en busca de una patria; pues si hubiesen pensado en la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de retornar a ella. Mas bien aspiraban a una mejor, a la celestial. Por eso Dios no se averguenza de ellos, de ser llamado Dios suyo, pues les tiene preparada una ciudad”. – Hebreos 11:13-16, Biblia de Jerusalén).

Volver a la vida, ¿debería ser tan extraño?

Es verdad que el concepto de resurrección aparece hoy día como una idea extraña. Sin embargo, en el cristianismo se le considera como absolutamente vital, siendo el firme propósito de Dios el llevarlo a cabo. La idea en sí de que Dios sea capaz de recordar a alguien que estuvo vivo, no debería extrañar demasiado, sobre todo si se tiene en cuenta que todos los días él hace que nazcan millones de seres humanos nuevos en toda la tierra. Si existe alguien capaz de semejante hazaña, entonces es seguro que podrá llevar a cabo cualquier acto suyo que dé vida de nuevo a quien él quiera. Como todos los días se ven, a los nacimientos humanos se les da por sentado; y aunque resurrecciones no se ven, ¿tan descabellado sería pensar que el Creador podría dar de nuevo vida a alguien?

Julián MaríasJulián Marías hace unas interesantes reflexiones relacionadas con la resurrección en su libro La perspectiva cristiana:

“La muerte es inevitable; el hombre desemboca en la muerte. Pero la vida no, la vida es proyecto y no hay razón para dejar de proyectar. Lo que quiere decir que la vida humana postula la perduración, postula la vida después de la muerte, y yo creo que el hombre debe seguir proyectando para después de la muerte. Se ha dicho muchas veces que el hombre no se puede llevar nada, como las riquezas o los honores. Pero sí se puede uno llevar los proyectos, lo que uno ha querido ser y no ha podido. Yo pienso en la otra vida como la realización de las trayectorias auténticas”.

Es evidente que el cuerpo se destruye en la muerte; en algunos casos su desaparición puede alcanzar límites increíbles, que harían imposible toda ‘recuperación’ o ‘reconstrucción’. Evidentemente la resurrección de la carne implica una ‘recreación’ de ella. Pero esa nueva ‘creación’ de la carne, unida a la persona que sigue viviendo, no parece más misteriosa que la primera.

“La resurrección, inaccesible a la razón, insistamos en ello, incomprensible para los griegos, es núcleo esencial del cristianismo, fundada en la fe de Cristo y prometida por él a todos los hombres”.

“La omisión de la expectativa en la perduración es la máxima infidelidad al cristianismo; si se mira bien, al sentido profundo de toda religión”.

Hay gente que dice que el esperar otra vida, le quita importancia a esta, pero es todo lo contrario. Justamente, el que se espere otra vida, es lo que da verdadera importancia a esta”.

La infidelidad más grave al cristianismo es la que tiene mayor actualidad en nuestro tiempo: el olvido de la otra vida, la atenuación de la perspectiva de la muerte y la perduración de la vida personal. Para muchos hoy lo cismundano es el único horizonte. Como consecuencia de varios factores, se ha ido disipando la referencia a la perduración, la proyección hacia una vida con la cual se deja de contar… Nuestros contemporáneos prefieren lo único de que se puede tener seguridad: la nada. Acaso la escasez de amor es un factor que entibia el deseo, la necesidad de otra vida: si no se ama, ¿para qué? Otro factor es la politización que ha dominado a grandes porciones de la humanidad.

“Esta situación, la idea de que no hay más que esta vida, reduce a Dios a una mera referencia nominal en la que apenas se piensa. Aunque no se renuncie al cristianismo, se le vacía de contenido. Esta es la situación de gran número de personas que se consideran cristianas, católicas, protestantes u ortodoxas, pero en las que esa condición no es decisiva, no es lo que sirve de apoyo a sus vidas… Es increíble el grado en que se ha perdido el sentido de la palabra ‘adoración’, en que no se tiene en cuenta la posible deificación del hombre y de su vida a la luz de la Divinidad”.

 

Esteban López

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