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conciencia“Todo lo que no se hace por convicción es pecado”. – Romanos 14:23, NVI.

Según se muestra en las Escrituras, es un derecho progresar en conocimiento y percepción espiritual y tomar así buenas decisiones en la vida. Es lo que Pablo llamaría la ‘edad adulta’ o mayoría de edad en sentido espiritual. Lo dice así:

El que sólo se alimenta de leche es inexperto en el mensaje de justicia; es como un niño de pecho. En cambio, el alimento sólido es para los adultos, para los que tienen la capacidad de distinguir entre lo bueno y lo malo, pues han ejercitado su facultad de percepción espiritual. Por eso, … avancemos hacia la madurez”. – Hebreos 5:12-14;6:1, NVI.

Cuando escribió su carta a los cristianos de Éfeso, Pablo les explicó que la razón de ser de la congregación o iglesia cristiana era que todos sus miembros pudieran llegar a ser personas maduras y estables en sentido espiritual como lo era su cabeza, Cristo Jesús. Escribió:

Él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; y a otros, pastores y maestros, a fin de capacitar al pueblo de Dios para la obra de servicio, para edificar el cuerpo de Cristo. De este modo, todos llegaremos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a una humanidad perfecta que se conforme a la plena estatura de Cristo. Así ya no seremos niños, zarandeados por las olas y llevados de aquí para allá por todo viento de enseñanza y por la astucia y los artificios de quienes emplean artimañas engañosas. Más bien, al vivir la verdad con amor, creceremos hasta ser en todo como aquel que es la cabeza, es decir, Cristo“.-Efesios 4:11-15.

La vida diaria haría que muchas personas tuvieran que enfrentarse a infinidad de decisiones que les llevaría a tener que reflexionar antes de actuar. Aunque Pablo indicó que al principio habría apóstoles, maestros y pastores para orientar y aconsejar, el desarrollo espiritual normal de los miembros de la iglesia haría que ellos pudieran tomar decisiones por sí mismos guiados por su conciencia. No necesitarían tutores permanentes que les indicaran cómo comportarse ante determinadas situaciones. Más bien, habrían de actuar como personas adultas por haber alcanzado la mayoría de edad en sentido espiritual.

Sin embargo, hay personas que prefieren que sean sus dirigentes religiosos los que les digan constantemente cómo actuar ante una situación dada simplemente porque, o se han acostumbrado o es lo más fácil para ellas. No obstante, al analizar con detenimiento el espíritu de las enseñanzas de Jesús de Nazaret, se ve que el cristianismo no es un conjunto de reglas de conducta impuestas por parte de unos hombres sobre otros, ni que sea tampoco una “Ley” al estilo de la Ley Mosáica; más bien se percibe que es un modo de vida basado en altos principios, además de esperanza. Eso hace que muchas veces la persona tenga que tomar decisiones basadas en su conciencia que distinga lo correcto, lo justo, lo apropiado, de lo que no lo es.

Una iglesia u organización religiosa puede servir de ayuda a la hora de orientar sobre principios cristianos. Sus dirigentes pueden aconsejar y orientar, pero su papel no es el de imponer nada sobre la conciencia de otros. Como lo expresó de manera clara el propio Joseph Ratzinger en 1968:

Ratzinger“Aún por encima del Papa como expresión de lo vinculante de la autoridad eclesiástica se halla la propia conciencia, a la que hay que obedecer la primera, si fuera necesario incluso en contra de lo que diga la autoridad eclesiástica. En esta determinación del individuo, que encuentra en la conciencia la instancia suprema y última, libre en último término frente a las pretensiones de cualquier comunidad externa, incluida la Iglesia oficial, se halla a la vez el antídoto de cualquier totalitarismo en ciernes y la verdadera obediencia eclesial se zafa de cualquier tentación totalitaria, que no podría aceptar, enfrentada con su voluntad de poder, esa clase de vinculación última”.

– Joseph Ratzinger, 1968, citado por Hans Küng, Libertad Conquistada, Trotta, 2003.

A veces surgen preguntas relacionadas con aspectos del vivir diario en los que solo la persona puede decidir. Quizá podrían referirse a la cuestión de participar o no en política, a casarse o ser ‘pareja de hecho,’ a la observancia de ciertas celebraciones o a otros muchos asuntos. Y es que los casos de incertidumbre que se presentan en la vida pueden ser muchos y variados. En ese sentido es bueno recordar que en el cristianismo sigue habiendo principios, no leyes estrictas que tengan que aplicarse en cada caso concreto de la vida. Esos principios pueden seguir siendo una guía para todo el que tiene al cristianismo como referencia en su vida. Quizá en los siguientes pasajes podrían encontrarse algunos de ellos:

Dejemos, por tanto, de juzgarnos los unos a los otros. Juzgad más bien que no se debe poner tropiezo o escándalo al hermano” (Rom.14:13).

Ya comáis, ya bebáis o hagáis cualquier otra cosa, hacedlo todo para la gloria de Dios. No déis motivo de escándalo ni a judíos ni a griegos ni a la iglesia de Dios” (1ªCor. 10:31,32).

Haced a los demás lo que os gustaría que os hicieran a vosotros”. -Mateo 7:12.

Todo lo que no se hace por convicción es pecado”. – Romanos 14:23.

Merece la pena pararse a reflexionar un poco más en este último texto. Cuando se tienen dudas lo mejor es actuar con prudencia y oir la voz de la conciencia, porque actuar de otro modo, sin convición interna en el fuero interior de uno, se convierte en una carga pesada y en un escozor permanente. Y eso, como dice el texto, es simplemente pecado, es decir, “errar el blanco de lo correcto”.

Los principios antes mencionados quizá podrían servir como una buena referencia. Sin embargo, decidir, decidir, solo corresponde a cada persona. Se podría decir que ese es el precio de la libertad cristiana, o si se quiere ver de otro modo, el ‘dolor‘, o la responsabilidad que Dios ha puesto sobre todos nosotros. La admonición apostólica, ‘pasad adelante a la madurez’ es sin duda un derecho de toda persona, pero también una responsabilidad seria en ocasiones nada fácil de cumplir. C. S. Lewis lo expresó muy bien cuando escribió:

Dios se ha puesto a sí mismo, como norma, no alterar el carácter de las personas contra su voluntad… En ese sentido, en realidad Él ha restringido su poder… Prefiere un mundo con seres libres, con todos sus riesgos, y no un lugar donde las personas actúen como máquinas por carecer de otra alternativa. Mientras más claramente imaginemos un mundo con seres perfectos y automáticos, mayor será la comprensión de la sabiduría divina“.- C. S. Lewis, “Dios en el banquillo“, Editorial Andres Bello, Santiago de Chile, 1995.

Que sea la persona la que tenga la oportunidad de ser ella misma delante de Dios es un privilegio pero también un desafío, porque la libertad cristiana significa responsabilidad delante de Dios. Como escribió el teólogo danés Sören Kierkegaard, a quien Miguel de Unamuno llamaba ‘el hermano Kierkegaard,’ “a Dios tenemos que acercarnos de uno en uno, como individuos, no en masa”. Él temía al hombre-número, al hombre-fracción de un todo social, inmerso en la multitud y que evade su responsabilidad como individuo.

Quizá no haya que olvidar tampoco que a la hora de tomar decisiones en la vida, cabe también la posibilidad de que uno no tenga que sentirse totalmente solo. Es decir, que según las Escrituras, poder obtener la ayuda del Espíritu santo de Dios sigue siendo una opción real. Es posible que hoy día, ese maravilloso poder divino no esté actuando de un modo tan ‘espectacular’ como lo hizo en el primer siglo; sin embargo, Jesús dijo que seguiría estando ahí ‘hasta el final de los días‘. Así las cosas, solo sería cuestión entonces de tener interés en tenerlo. De hecho, las Escrituras aseguran que podemos pedirlo al Padre y que ‘se nos dará,’ incluso cuando nos falte sabiduría, necesitemos tomar decisiones de conciencia y escoger las mejores opciones para nuestra vida.  -Lucas 11:13; Santiago 1:5.

Esteban López